Con once puñaladas cobro afrenta.
A partir de la sexta, se dusfruta
El espanto inicial al goce muta.
La imagen me repito en trama lenta.
Percutir una bala, ruin, "violenta"
me hubiese dado fama un tanto bruta
y negado a mi escape alguna ruta.
Me clava su mirada al fin atenta
y siente el descontrol de mis latidos.
Como yo, nadie más podrá tenerla.
Eclipsa el pánico sus alaridos,
de escarlata se tiñe mueca perla
y brota el intercambio de fluidos.
Bajo sus lirios nadie podrá verla.