Mi amigo guarda páginas en blanco,
tiene años de silencios y de olvido,
bajo un candado vela lo vivido,
oculto en un rincón del sotabanco.
En mi trato con él, confiado y franco,
mi joven corazón de muerte herido
lloró sobre sus páginas vencido,
aislando su dolor en un estanco.
Hoy de nuevo me invita a que derrame
entre sus limpias hojas esta pena,
que deje mi silencio en cuarentena,
que libere mi voz y que reclame
por todo lo que ayer fue escalofrío,
mi derecho a llenar este vacío.
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