Sommbras
Poeta adicto al portal
.
.
En la pierna de la palmera también el otoño. Ahí, el guijarro pulido de mar toma un descanso en la playa reflejando la última luna; mientras, la voz grana de un gallo va pintando un extraño cielo esta madrugada. Un mar de nubes rojas respiran en el cielo. Al fondo del malecón, se perfila una pareja borracha besándose, se afanan coleccionando los vómitos del amor. Tendría que escribir este silencio: la luna plateada, la arena que esconde los tesoros de los piratas, las islas yendo y viniendo, y esa mosca, centímetro a centímetro explorando el universo. En alguna parte de la bruma unas risitas de los amantes tardíos, mientras, las perladas estrellas suaves descienden a tierra de nadie.
Este paseo, esta somnolencia, es disculpa para escribir luego de su beso.
Una isla sus hombros en aquella fiesta, iceberg su cuello en aquella tormenta de limonadas
¿Quién, sino aquel beso, diría los años de mis labios y dónde mi amor dormita?
Movió sus labios, excitó mi pluma, sacudió mi mente, e hizo encender nuevos significados a mis verbos de tiempo. Creó un beso poliesteta que me fue casi como un amor, dejó un paraíso sobre mis labios, qué maravillosa venganza para las sombras de mi vida, cierro los ojos, y sus ojos, cubren todos mis ojos cuando mis largas miradas hacia atrás.
Aquel beso encarceló, y ni un beso gemelo podría salvar.
El beso que empuja contra el beso. Y con el beso. Ese beso que perfila los márgenes del amor. En él tengo enterrado mi futuro. Aquel beso es mi lengua nativa.
Bésame en la boca, y rémame barco adentro hasta que alguien te pregunte qué es besar.
Entonces constrúyeme en tu mar, que el beso empuja y rompe las olas, romper las olas, eso es besar, tú me lo enseñaste.
Mi cordera, mi ternera, mi alondra, mi búho, mi pichón, mi culebra, mi lectora de poemas, dónde, dónde estás...
Su leche de fuego me hacia volar. Resbalaría desde mi boca a su tierra en relucientes gotas verdes.
Pongo mis labios entre aquel beso, y escribo silabas puras, a las que reduzco la luz evanescente.
El beso que escribe mar y grita sed, que muere entre la palmera y las nubes sin encontrar horizonte, no va a posarse en mi boca jamás, siento.
Los labios de probar, deben saber, pasar, de un labio a otro, de abuelos a nietos, y para que alguien tenga poder sobre ti, el beso debe ser firmado, sellado, entregado.
Y heme aquí, muchas lunas después, acariciando palabras, cien folios llenos de espacios blancos aparcados a mi lado, aquí donde esquiva elige ella vagar, con mis ojos extraviados sobre las montañas del techo, apagando mis ojos entre multitudes de estrellas labradas para soñar, voy sintiendo que si bien el verdadero amor miente con toda la sinceridad, también es verdadero que con él nos sucede otro tornasolado despertar, refulgente y sinuoso como un verso. Como su beso. Quiero soñar. La odio.
Este paseo, esta somnolencia, es disculpa para escribir luego de su beso.
Una isla sus hombros en aquella fiesta, iceberg su cuello en aquella tormenta de limonadas
¿Quién, sino aquel beso, diría los años de mis labios y dónde mi amor dormita?
Movió sus labios, excitó mi pluma, sacudió mi mente, e hizo encender nuevos significados a mis verbos de tiempo. Creó un beso poliesteta que me fue casi como un amor, dejó un paraíso sobre mis labios, qué maravillosa venganza para las sombras de mi vida, cierro los ojos, y sus ojos, cubren todos mis ojos cuando mis largas miradas hacia atrás.
Aquel beso encarceló, y ni un beso gemelo podría salvar.
El beso que empuja contra el beso. Y con el beso. Ese beso que perfila los márgenes del amor. En él tengo enterrado mi futuro. Aquel beso es mi lengua nativa.
Bésame en la boca, y rémame barco adentro hasta que alguien te pregunte qué es besar.
Entonces constrúyeme en tu mar, que el beso empuja y rompe las olas, romper las olas, eso es besar, tú me lo enseñaste.
Mi cordera, mi ternera, mi alondra, mi búho, mi pichón, mi culebra, mi lectora de poemas, dónde, dónde estás...
Su leche de fuego me hacia volar. Resbalaría desde mi boca a su tierra en relucientes gotas verdes.
Pongo mis labios entre aquel beso, y escribo silabas puras, a las que reduzco la luz evanescente.
El beso que escribe mar y grita sed, que muere entre la palmera y las nubes sin encontrar horizonte, no va a posarse en mi boca jamás, siento.
Los labios de probar, deben saber, pasar, de un labio a otro, de abuelos a nietos, y para que alguien tenga poder sobre ti, el beso debe ser firmado, sellado, entregado.
Y heme aquí, muchas lunas después, acariciando palabras, cien folios llenos de espacios blancos aparcados a mi lado, aquí donde esquiva elige ella vagar, con mis ojos extraviados sobre las montañas del techo, apagando mis ojos entre multitudes de estrellas labradas para soñar, voy sintiendo que si bien el verdadero amor miente con toda la sinceridad, también es verdadero que con él nos sucede otro tornasolado despertar, refulgente y sinuoso como un verso. Como su beso. Quiero soñar. La odio.
Chus