kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y FLORECIÓ EN EL VALLE NUESTRA VIDA
Hoy embarco a la mar y doy partida
a los versos que flotan en las calas
que recortan la costa de mi vida.
Ponen rumbo a mi pecho sin escalas;
¡cómo siento el recuerdo!, sus vaivenes,
en la punta sedosa de sus alas.
Con la tinta granate de mis sienes
hoy te escribo el poema que te debo,
¡hoy! que yo te contemplo, y tú me tienes.
Recuerdo el verde duro del acebo
con su borde aserrado en tu mirada,
y frente a ti, la muerte con su cebo.
Te recuerdo a tus piernas abrazada,
tan sola en el refugio de tu ovillo,
tan sumida en el cráter de la nada.
El tiempo discurrió por el pasillo
que unía el centro tuyo con su ausencia
y la noche dejó su paso al brillo.
¡Inquieta mariposa es la existencia!,
cómo cambia la vida a cada instante:
son reflejos no escritos su secuencia.
Somos esquirlas de la luna aullante,
somos la brisa circular del cielo,
tan solo somos... soledad errante.
Mas la esperanza brota en mi riachuelo
cada vez que en sus aguas siento el canto
de tus estambres tersos en mi pelo.
Cuánto debo a tus manos, pero cuánto...
Su fina piel de abeto es la ternura
que abriga mi existencia con su manto.
Se ciñe en tu mirada la cintura
oscilante de un cosmos que se enciende
en los silencios de tu partitura.
Destello aguamarina que se extiende
en el silencio tuyo —tan semántico—
y que nace del alma de tu duende.
¡Verde selva es tu eterno paso cuántico!,
dorso de golondrina, envés de gato,
es tan libre tu espíritu romántico,
es tan brisa la tinta en tu relato.
Tú, mi azul golondrina, me enseñaste
que la vida tan solo dura un rato.
Pero qué bello el rato cuando amaste...,
¡como tú!, desgarbado petirrojo,
que al propio tiempo el tiempo le robaste.
Y siempre que del polvo fui manojo
te posaste en mi senda alzando el cuello
orientando mis pasos al arrojo.
Ahora, que platea mi cabello
y brilla en ti la luna declinante,
con este poema quiero darte aquello
que yo te debo, sé que no es bastante,
es más, tan solo son humildes versos,
mas sé lo que te siento en este instante.
Yo quiero, compañera de ojos tersos,
que sepas que te quiero más que a nada
en este azul mosaico de universos.
Qué silenciosa está la madrugada,
cómo giran los astros esta noche,
son los testigos, madre, son el broche,
de estos versos que poso en tu almohada.
Kalkbadan
En Madrid, 13 de noviembre de 2015
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