Malena Marquez
Poeta veterana en el Portal
Mi madre es indivisible de mí.
Aún conservo esa atadura
que me liga a ella,
a su cintura
a su vientre
y a su risa que es tan bella.
Ella es parecida a mí
excepto en sus ojos,
que por su color
y su candor
son como frutos
que nunca madurarán,
pues tienen un verde
perenne en su mirar.
Antes no éramos
tan diferentes tal vez,
pero cómo saberlo
si durante mi niñez
ella era el paisaje
el aire y el sol
ella era mi idioma
y mi nación.
Ahora la distancia
ha extendido
caminos entre las dos,
pero el aire compañero
siempre la trae cuando me
veo madre yo.
Cuando soy así con mis hijos
como es ella con los suyos:
tan natural como la hierba,
dejando respirar,
mimando sin aspavientos
y amando hasta al final.
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