Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
Es hasta el tuétano idiota
y hasta el dolor mentiroso;
tanto ejercita el reposo
que hasta tumbado se agota.
Duerme como una marmota,
huele a compost venenoso
y es, además de mi esposo,
un relicario absoluto
cuyo esmirriado atributo
yace en estado ruinoso…
No me casé enamorada
sino en estado gestante;
me acorraló, me echó el guante
y me clavó la estocada.
Tiene calvicie, papada,
la erudición de un guisante
y una obsesión delirante
por la vecina del quinto,
las hamburguesas, el tinto,
mi deshonor y el picante…
Pena sin pena ni gloria
dando por saco a la vida;
tiene hasta incluso perdida
de no callar, la oratoria.
No hay de Santurce hasta Soria
mente peor conducida
ni en lo sexual más podrida.
Pero con todo y con eso,
falta en la casa y confieso
que hasta existir se me olvida
y hasta el dolor mentiroso;
tanto ejercita el reposo
que hasta tumbado se agota.
Duerme como una marmota,
huele a compost venenoso
y es, además de mi esposo,
un relicario absoluto
cuyo esmirriado atributo
yace en estado ruinoso…
No me casé enamorada
sino en estado gestante;
me acorraló, me echó el guante
y me clavó la estocada.
Tiene calvicie, papada,
la erudición de un guisante
y una obsesión delirante
por la vecina del quinto,
las hamburguesas, el tinto,
mi deshonor y el picante…
Pena sin pena ni gloria
dando por saco a la vida;
tiene hasta incluso perdida
de no callar, la oratoria.
No hay de Santurce hasta Soria
mente peor conducida
ni en lo sexual más podrida.
Pero con todo y con eso,
falta en la casa y confieso
que hasta existir se me olvida