Mi mujer me encuentra

La verdad me hizo gracia la imagen que colocaste. No dejes de escribir dulcinista. Tu relato me encanto, es mejor decir: dile no al matrimonio. Gracias por escribir así. Es un respiro.
Gracias amiga Tinne por tu comentario. Hace mucho tiempo que le dije no, dulce amiga. Un beso.
 
Agradable relato con un lúgubre final.
Interesante lectura,
Saludos y felicitaciones.
 
Has hecho una descripción verídica de lo que es un matrimonio.........ja,ja.....no,no,que es broma,¿eh?,
eso es amor y lo demás son tonterías,¡mira que venir del más allá porque te echaba de menos?,ni si quiera después de muerto te pudiste librar de ella,claro,que el hecho de que la mataras no le tuvo que hacer mucha gracia.
Una manera muy peculiar y sarcástica de tratar la relación de pareja....más allá de la muerte.
Un beso.
Gracias mi dulce Marina por tu comentario. Hay matrimonios que son todavía peores, jejej. Un beso.
 
Vuelvo a comentarte para decirte...mi arma, llevas 17 paginas de comentarios en menos de un mes, hiciste el recor de comentarios en prosas jajaj, voy a tener que pedir premio para aquellas prosas que tengan tantos comentarios como los tuyos jajajj. Me alegra porque escribes fantasticamente amigo. ABRAZOS A MILES
 
No sé compañero, tal vez sea el estilo que nos diferencia a cada quien con sus vicisitudes y humildes ventajas, pero creo que brinda ciertos detalles demasiado crudos y hasta medio rupestres, que hace que el relato demerite su calidad. Esa forma de sobreexplicar o creer sobredireccionar sobre la misma voz narrativa no es muy de mi agrado, pero se respeta, hay a quien le gusta escribirlos y a quien le gusta leerlos, yo mismo, años atrás, de pronto me encontraba haciendo ejercicios similares. Yo soy más de ir soltando detalles para que el lector complemente.

Ahora bien, su inicio me recordó un poco al cuervo de Poe, aunque esta vez no era un cuervo, era un amor muerto en busca de venganza. Y bueno, también el relato oscuro no requiere de todo el preciosismo y la "sapiencia" de quien gusta del romanticismo propio de lo gótico, a veces con lo crudo basta para erizarle el cuero al lector.
Saludos y perdón si puedo irme un poquito de más con las palabras.
 
Vaya mujer!!!!
Lo único que no me ha gustado es que no sea más largo, para deleitarme un poquito más. No se como haces para ser capaz de contarlo todo e incrustar al lector en tu relato, en tan pocas palabras. Sensacional. Un abrazo amigo, no me deja darte reputación pero sería merecida.
 
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Ayer volvió mi mujer a casa. Llamaron a la puerta y abrí, pero no había nadie, así que cerré la puerta de nuevo y volví a la biblioteca con la intención de seguir leyendo un poema de Horacio titulado Beatus Ille. Estaba casi acabando su lectura cuando volvieron a llamar, por lo que me levanté de nuevo y abrí; y allí estaba Catherina, la mujer con la que había estado casado cerca de treinta años. Estaba muy cambiada desde la última vez que la vi; siempre había sido muy hermosa, pero verla frente a mí con el cabello alborotado y el vestido tan raído que parecía que había sido roído por un ejército de ratas, la verdad es que no me produjo ningún placer, sino todo lo contrario, repulsión y terror. De un manotazo me apartó a un lado y entró en la casa; lo miraba todo como si no lo hubiese visto nunca, con extrañeza, ella, que era la verdadera dueña de la casa cuando nos casamos.
- Ahora que te he encontrado, ya no me separaré de ti-, fueron las únicas palabras que pronunció.
No llevaba ninguna clase de equipaje. Subió las escaleras hasta el piso superior y entró en la que había sido su habitación, utilizada entonces por mí para almacenar toda clase de cosas: desde libros rotos en espera de un arreglo y ropa muy usada esperando ser regalada o tirada a la basura hasta carpetas conteniendo mis escritos, ya que soy aficionado a escribir tanto poemas como relatos. Había cambiado su aspecto físico, pero no su carácter que seguía siendo irascible; lo comprobé cuando la vi sacar todas las cosas de la habitación y tirarlas escaleras abajo: libros, pantalones, bolígrafos, pisapapeles, folios de papel escritos con mis invenciones literarias, todo quedó esparcido por los escalones de mármol. La odié. Deseé verla muerta, es más, la hubiese matado con mis propias manos si no lo hubiese hecho ya anteriormente. Lo que no comprendía es cómo podía una persona muerta entrar de nuevo en el mundo de los vivos. De pronto, como un relámpago, cruzó por mi mente una idea aterradora: ¿y si ella estaba viva y el muerto era yo?, pero enseguida deseché tal locura, ya que recordaba con claridad haber asistido a su entierro. Y entonces lo comprendí todo: yo también estaba muerto, y ella, desde el más allá, me había buscado hasta dar conmigo, para que mi vida, infernal cuando vivíamos juntos, continuase siendo un infierno una vez muerto.
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Eladio Parreño Elías

19-Marzo-2012


Asi es Eladio, a veces la tortura de la vida traspasa hasta la muerte.
Un aplauso, siempre geniales tus letras
Cariños y estrellas
Trina
 

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