Alarido
Poeta asiduo al portal
Con los primeros rayos de la mañana
observo entre absorto y curioso,
practicamente a diario,
apoyado en la encimera de la cocina
como despierta, revoltoso
mi peculiar vecindario.
En este mundo tan loco
cada cual sigue su propio rumbo.
Que graciosa, la cafetera.
No se entera, medio dormida,
chocándose y dando tumbos.
El desdentado cuchillo de untar,
malogrado quiero y no puedo,
en un arrebato de locura
amenaza a la temerosa mantequilla,
que intenta, sin éxito, temblorosa,
mantener la compostura.
– Contra ella ya podrás, canalla!
Le espeta la servilleta de tela
con puntillas e iniciales.
– Tú cállate, pija!.
No te pases de la raya!.
No me saques de mis cabales!.
La sal y la pimienta,
también meten baza en el embrollo
y tergiversan con sus tretas.
Las hay que nunca escarmientan.
(Tú me completas)
– ¿A que viene semejante pollo?
Espeta, en su línea, el pavo loncheado.
Sin un ápice de grasa
totalmente musculado.
– Estás más delgada, se nota.
Le dice el azucar zalamero
a la sacarina en pastillas.
– Eres la caña, te quiero
azucar de mi vida!
Responde ella, enamorada.
Como luceros sus ojos brillan.
– Buuuuuu!!! Idos a un hotel!!!
– Estamos hasta los huevos!!!
Apuntan socarrones, Frito y Escalfado.
– Jesús, que cruz!
Todos los días el mismo chiste.
La galleta Maria no disimula su enfado.
Las dos partes de la tostada,
separadas al nacer,
ajenas a lo que acontece
dirimen sobre lo dulce y lo salado
que convive en cada ser.
Dudan de sus actos,
de su proceder,
de sus dudas.
– ¿Estaré haciendo lo correcto?
– ¿Este vestido me sienta bien?
Mi taza de café,
que lleva gafas graduadas,
y universitarias y visionarias,
y orgullo de su familia,
no da crédito a lo que ve.
observo entre absorto y curioso,
practicamente a diario,
apoyado en la encimera de la cocina
como despierta, revoltoso
mi peculiar vecindario.
En este mundo tan loco
cada cual sigue su propio rumbo.
Que graciosa, la cafetera.
No se entera, medio dormida,
chocándose y dando tumbos.
El desdentado cuchillo de untar,
malogrado quiero y no puedo,
en un arrebato de locura
amenaza a la temerosa mantequilla,
que intenta, sin éxito, temblorosa,
mantener la compostura.
– Contra ella ya podrás, canalla!
Le espeta la servilleta de tela
con puntillas e iniciales.
– Tú cállate, pija!.
No te pases de la raya!.
No me saques de mis cabales!.
La sal y la pimienta,
también meten baza en el embrollo
y tergiversan con sus tretas.
Las hay que nunca escarmientan.
(Tú me completas)
– ¿A que viene semejante pollo?
Espeta, en su línea, el pavo loncheado.
Sin un ápice de grasa
totalmente musculado.
– Estás más delgada, se nota.
Le dice el azucar zalamero
a la sacarina en pastillas.
– Eres la caña, te quiero
azucar de mi vida!
Responde ella, enamorada.
Como luceros sus ojos brillan.
– Buuuuuu!!! Idos a un hotel!!!
– Estamos hasta los huevos!!!
Apuntan socarrones, Frito y Escalfado.
– Jesús, que cruz!
Todos los días el mismo chiste.
La galleta Maria no disimula su enfado.
Las dos partes de la tostada,
separadas al nacer,
ajenas a lo que acontece
dirimen sobre lo dulce y lo salado
que convive en cada ser.
Dudan de sus actos,
de su proceder,
de sus dudas.
– ¿Estaré haciendo lo correcto?
– ¿Este vestido me sienta bien?
Mi taza de café,
que lleva gafas graduadas,
y universitarias y visionarias,
y orgullo de su familia,
no da crédito a lo que ve.