musador
esperando...
Este tema está compuesto en estrofas hernandianas, inventadas por José Hernández para escribir su «Martín Fierro». El mismo Hernández se permitía alguna rima no consonante de vez en cuando, como veréis que yo lo hago.
Afirma un amigo mío
que se inventó la poesía
hace ya tiempo, en un día
terrible por caluroso
en que un amante brïoso
quiso arrimarse a una tía.
El amor en aquel tiempo,
con tanta falta de higiene,
debió invocar a Selene
para evitarse los chascos
producidos por los ascos
a aquel que no los previene.
Así fue que los poetas
entregaron a la luna
sus versos que la fortuna
hizo llegar a la amada
que, de su llanto anegada,
se despiojó en la laguna.
¡Ah!, qué romántica historia
esta que vengo contando
de la dama que llorando
dispuso para el amor
la pureza de su flor
que se estaba marchitando.
Después, vinieron los cuernos,
y con ellos las tensones:
por no matar, los cabrones
lo decían todo en verso
dedicándole al perverso
sus injurias en ciclones.
Eso sí, todo cuidado,
respetando bien las formas,
que en ese tiempo las normas
eran todas respetadas,
no caían despreciadas
como en el hoy de reformas.
Para evitar la evidencia
buscaban un lindo tema:
el infierno que nos quema,
el sacrificio que salva,
la recurrencia del alba
o la esencia del fonema.
Una tesis divertida:
el eje de las polémicas
aunque sean académicas
está en los benditos cuernos:
sobre los dioses eternos,
sobre las pulgas anémicas.
Y ya que hablamos de ripios
(por si las moscas me atajo)
me está costando trabajo
llegar al tema del día:
los ripios en su porfía
me están llevando al caramba.
Yo quería comentarles
que para mí las tensones
motivo son de emociones:
el intercambio amistoso
en este mar proceloso
da placeres a montones.
El mensaje de las letras
ante tanta lejanía
las barreras desafía
de distancia y soledad,
yo creo que la amistad
es lo mejor de la vida.
Y, claro, la libertad,
¿les gustó esa asonancia?:
no cultivo la prestancia
de la norma congelada
que a los versos anonada
con su escasa tolerancia.
Afirma un amigo mío
que se inventó la poesía
hace ya tiempo, en un día
terrible por caluroso
en que un amante brïoso
quiso arrimarse a una tía.
El amor en aquel tiempo,
con tanta falta de higiene,
debió invocar a Selene
para evitarse los chascos
producidos por los ascos
a aquel que no los previene.
Así fue que los poetas
entregaron a la luna
sus versos que la fortuna
hizo llegar a la amada
que, de su llanto anegada,
se despiojó en la laguna.
¡Ah!, qué romántica historia
esta que vengo contando
de la dama que llorando
dispuso para el amor
la pureza de su flor
que se estaba marchitando.
Después, vinieron los cuernos,
y con ellos las tensones:
por no matar, los cabrones
lo decían todo en verso
dedicándole al perverso
sus injurias en ciclones.
Eso sí, todo cuidado,
respetando bien las formas,
que en ese tiempo las normas
eran todas respetadas,
no caían despreciadas
como en el hoy de reformas.
Para evitar la evidencia
buscaban un lindo tema:
el infierno que nos quema,
el sacrificio que salva,
la recurrencia del alba
o la esencia del fonema.
Una tesis divertida:
el eje de las polémicas
aunque sean académicas
está en los benditos cuernos:
sobre los dioses eternos,
sobre las pulgas anémicas.
Y ya que hablamos de ripios
(por si las moscas me atajo)
me está costando trabajo
llegar al tema del día:
los ripios en su porfía
me están llevando al caramba.
Yo quería comentarles
que para mí las tensones
motivo son de emociones:
el intercambio amistoso
en este mar proceloso
da placeres a montones.
El mensaje de las letras
ante tanta lejanía
las barreras desafía
de distancia y soledad,
yo creo que la amistad
es lo mejor de la vida.
Y, claro, la libertad,
¿les gustó esa asonancia?:
no cultivo la prestancia
de la norma congelada
que a los versos anonada
con su escasa tolerancia.
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