Luis A.G:
Poeta fiel al portal
Yo nací en una ribera del arauca tropical..., jajaja. No, no es así pero me gustaría haber nacido en tierra firme, o no.
Nací en una barca en una travesia de placer, y tanto fue el placer que acabé naciendo. No se que pasó entre los bultos que me confundieron con uno sospechoso, y como había sobrecarga me lanzaron al mar.
Me alimenté de leche de sirenas, para mi gusto un poco salada, pero no había donde escoger.
El caso es que me acabé aficionando tanto a las tetas de las sirenas que no podía despegarme de ellas.
Un día y sin mediar palabra una de ellas me pegó tal coletazo que acabé en tierra firme, aunque bastante conmocionado, por fuerte que fuera la emoción de volver a mi medio natural.
Lo primero que me llamó la atención es que en tierra también abundaban las tetas, cosa que jamás supuse pues nunca había estado en ella.
Como tanto sabía de mar no tardé en conseguir trabajo en una pescaderia. Cortaba tres y me comia uno de un bocado.
Me casé con una pescatera y desde entonces retozamos felices.
Tenemos cuatro meros (muy serios por cierto), que dicen que se parecen a mi. Cuarenta mil gambas (ya soy abuelo de varios millones de quisquillas), y un hijo, submarinista en el paro. Me cachis en la mar.
Nací en una barca en una travesia de placer, y tanto fue el placer que acabé naciendo. No se que pasó entre los bultos que me confundieron con uno sospechoso, y como había sobrecarga me lanzaron al mar.
Me alimenté de leche de sirenas, para mi gusto un poco salada, pero no había donde escoger.
El caso es que me acabé aficionando tanto a las tetas de las sirenas que no podía despegarme de ellas.
Un día y sin mediar palabra una de ellas me pegó tal coletazo que acabé en tierra firme, aunque bastante conmocionado, por fuerte que fuera la emoción de volver a mi medio natural.
Lo primero que me llamó la atención es que en tierra también abundaban las tetas, cosa que jamás supuse pues nunca había estado en ella.
Como tanto sabía de mar no tardé en conseguir trabajo en una pescaderia. Cortaba tres y me comia uno de un bocado.
Me casé con una pescatera y desde entonces retozamos felices.
Tenemos cuatro meros (muy serios por cierto), que dicen que se parecen a mi. Cuarenta mil gambas (ya soy abuelo de varios millones de quisquillas), y un hijo, submarinista en el paro. Me cachis en la mar.
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