Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Miedo
A veces siento que duermes con la luz
de alguno de mis versos, a veces escucho
cómo caen cristales de sal en la azotea
y tus pasos de agua ciegos acercándose
a la cornisa,
escucho los lamentos de los caracoles
cuando se retuercen ante los aullidos
de las perras que en su celo falsifican lunas llenas,
la lluvia de plumas cuando salen de la almohada
hacia el suelo llenas de piedad y prestas para
amortiguar la caída terminal de algunos sueños,
y que tienes miedo.
A veces escucho gemir alguno de los verbos
que le regalé al pie del tálamo y siento el
bambolear de la mar de su mirada
cuando agita los restos de las naves
que ese día quemó y el sisear
de las ascuas que de tercas siguen encendidas.
A veces siento el carnaval de nuestras tardes
y en carne viva la herida que me dejó en el paladar
su lengua de anzuelo,
de palabra,
de acertijo,
de luna como garfio.
A veces escucho a la razón y aún creo que me miente,
aún creo que vendrá por estas fechas que siento como
aniversario en calendario manco de sus hojas, aún creo
que sus noches no están completas y que en mis labios
olvidó la oración secreta, ese rezo que finalizaba con un
beso cuando en él mi nombre estaba inmerso, el verbo
que le falta a sus oscuridades para arroparse.
. 18.4.11 en una tarde con la humedad a flor de piel y el frío enconado hasta los huesos.
Nota 1. el local se cierra en esta semana, ¿Quién cuidará de los ángeles de la guarda que en sus ratos de ocio pasaban por acá a que les escribiera su historia?
de alguno de mis versos, a veces escucho
cómo caen cristales de sal en la azotea
y tus pasos de agua ciegos acercándose
a la cornisa,
escucho los lamentos de los caracoles
cuando se retuercen ante los aullidos
de las perras que en su celo falsifican lunas llenas,
la lluvia de plumas cuando salen de la almohada
hacia el suelo llenas de piedad y prestas para
amortiguar la caída terminal de algunos sueños,
y que tienes miedo.
A veces escucho gemir alguno de los verbos
que le regalé al pie del tálamo y siento el
bambolear de la mar de su mirada
cuando agita los restos de las naves
que ese día quemó y el sisear
de las ascuas que de tercas siguen encendidas.
A veces siento el carnaval de nuestras tardes
y en carne viva la herida que me dejó en el paladar
su lengua de anzuelo,
de palabra,
de acertijo,
de luna como garfio.
A veces escucho a la razón y aún creo que me miente,
aún creo que vendrá por estas fechas que siento como
aniversario en calendario manco de sus hojas, aún creo
que sus noches no están completas y que en mis labios
olvidó la oración secreta, ese rezo que finalizaba con un
beso cuando en él mi nombre estaba inmerso, el verbo
que le falta a sus oscuridades para arroparse.
. 18.4.11 en una tarde con la humedad a flor de piel y el frío enconado hasta los huesos.
Nota 1. el local se cierra en esta semana, ¿Quién cuidará de los ángeles de la guarda que en sus ratos de ocio pasaban por acá a que les escribiera su historia?
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