BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entre pieles derruidas por el tiempo,
como viejas antiguallas o abalorios,
las gitanas encienden sus hogueras.
Así, la incisión nocturna con sus vientos,
y su aire impávido y sangrante. Digno,
el fuego incrementa las noche; yo, solo,
larva interestelar de los altos espacios,
descubro las extremidades que impiden
huellas de barcos, conjuntos de esfinges.
Practico el afán de las nubes, la agónica flor subterránea,
el segmento de estrellas que invade las habitaciones
sin pretensión alguna. Oh, cómo bailan
las orquídeas en su viento airado, en su aire
cálido y perfumado, subyugando las memorias
y atando los lápices al pupitre. Yo sigo, sin quererlo,
furtivo, diestro en gasolineras abandonadas.
Excavo los cráneos, los amargos estambres
definitivos como circunferencias,
como tallos rebeldes que despuntan con sustancias
adhesivas.
El alba destaca sobre los árboles incompletos-.
©
como viejas antiguallas o abalorios,
las gitanas encienden sus hogueras.
Así, la incisión nocturna con sus vientos,
y su aire impávido y sangrante. Digno,
el fuego incrementa las noche; yo, solo,
larva interestelar de los altos espacios,
descubro las extremidades que impiden
huellas de barcos, conjuntos de esfinges.
Practico el afán de las nubes, la agónica flor subterránea,
el segmento de estrellas que invade las habitaciones
sin pretensión alguna. Oh, cómo bailan
las orquídeas en su viento airado, en su aire
cálido y perfumado, subyugando las memorias
y atando los lápices al pupitre. Yo sigo, sin quererlo,
furtivo, diestro en gasolineras abandonadas.
Excavo los cráneos, los amargos estambres
definitivos como circunferencias,
como tallos rebeldes que despuntan con sustancias
adhesivas.
El alba destaca sobre los árboles incompletos-.
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