supersoulazul
Poeta recién llegado
I
Oye, Hank, vuelvo al humo, vuelvo al bar...
Ya sabes: media vuelta, mismo puerto.
Nada más, solo el pulso y esta silla...
Y está bien, sigue el ruido; queda el nombre.
Un nombre de ceniza. Vuelvo al vidrio.
Un trazo de silencio entre paredes.
II
No absorben el silencio las paredes,
nada retiene el humo en este bar.
Las voces son ceniza. Queda el vidrio.
Y aquí estás, de vuelta, frente al puerto.
Hay un cuadro sin ruido ya, sin nombre.
Grabado al mismo pulso de una silla.
III
Cómo se aquieta el pulso de una silla
cuando vibra el silencio en las paredes.
Cuando se agote el ruido: ningún nombre.
Tal vez sea de humo nuestro bar.
El ocre en cada vuelta pinta un puerto.
Se enfría otra ceniza en otro vidrio.
IV
Ya ves, cae la ceniza sobre el vidrio.
El tiempo frena el pulso ante la silla.
Un cuadro trae de vuelta el mismo puerto.
Retornan al silencio las paredes.
Un hombre llega al humo, llega al bar.
Un cuadro cae sin ruido y ya sin nombre.
V
¿Acaso será ruido nuestro nombre?
¿Me volveré ceniza sobre el vidrio?
Tal vez se torne humo nuestro bar.
Y derrumbe mi pulso en otra silla.
Cuando sea silencio, entre paredes.
Si no queda otra vuelta, ni otro puerto.
VI
Me quedo en esta vuelta tras el puerto.
Querido Hank, el ruido era tu nombre.
Aquí solo el silencio, las paredes...
Calle Mitre: ceniza sobre el vidrio.
Y entonces ya no hay pulso, ya no hay silla.
¿Y a dónde irán el humo y nuestro bar?
TORNADA
Sigo buscando un puerto tras el vidrio.
Perdimos nuestro nombre en nuestra silla.
Cayeron las paredes... calló el bar.
EPÍLOGO
Me envuelvo en otra vuelta y pierdo el puerto.
Colapsa mi ceniza contra el vidrio.
¿Sabes, Hank, qué es silencio? Mira el humo...
Oye, Hank, vuelvo al humo, vuelvo al bar...
Ya sabes: media vuelta, mismo puerto.
Nada más, solo el pulso y esta silla...
Y está bien, sigue el ruido; queda el nombre.
Un nombre de ceniza. Vuelvo al vidrio.
Un trazo de silencio entre paredes.
II
No absorben el silencio las paredes,
nada retiene el humo en este bar.
Las voces son ceniza. Queda el vidrio.
Y aquí estás, de vuelta, frente al puerto.
Hay un cuadro sin ruido ya, sin nombre.
Grabado al mismo pulso de una silla.
III
Cómo se aquieta el pulso de una silla
cuando vibra el silencio en las paredes.
Cuando se agote el ruido: ningún nombre.
Tal vez sea de humo nuestro bar.
El ocre en cada vuelta pinta un puerto.
Se enfría otra ceniza en otro vidrio.
IV
Ya ves, cae la ceniza sobre el vidrio.
El tiempo frena el pulso ante la silla.
Un cuadro trae de vuelta el mismo puerto.
Retornan al silencio las paredes.
Un hombre llega al humo, llega al bar.
Un cuadro cae sin ruido y ya sin nombre.
V
¿Acaso será ruido nuestro nombre?
¿Me volveré ceniza sobre el vidrio?
Tal vez se torne humo nuestro bar.
Y derrumbe mi pulso en otra silla.
Cuando sea silencio, entre paredes.
Si no queda otra vuelta, ni otro puerto.
VI
Me quedo en esta vuelta tras el puerto.
Querido Hank, el ruido era tu nombre.
Aquí solo el silencio, las paredes...
Calle Mitre: ceniza sobre el vidrio.
Y entonces ya no hay pulso, ya no hay silla.
¿Y a dónde irán el humo y nuestro bar?
TORNADA
Sigo buscando un puerto tras el vidrio.
Perdimos nuestro nombre en nuestra silla.
Cayeron las paredes... calló el bar.
EPÍLOGO
Me envuelvo en otra vuelta y pierdo el puerto.
Colapsa mi ceniza contra el vidrio.
¿Sabes, Hank, qué es silencio? Mira el humo...
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