EPICTETO
Poeta adicto al portal
De tanto en tanto sus palabras eran caudales de templanza para este desbordado corazón, es cierto que mi tenue pero dislocada razón no contemplaba retornos, pero su minúscula experiencia aclaraba todo en un mar de trizas.
Jamás la había insultado en su nombre, pero era muy difiícil creer que su vida dejaría tantos huecos como un campo de golf...tal es así que su cama estaba vacia. El otro concepto es que su ausencia llenaba un vacio en mi, ya que su amor nunca había permitido un alcance a sus manos y como quien dice: -el mejor pasado es el que no se recuerda, sino que se vive-. Por supuesto que nunca la había golpeado, tan sólo unos correctivo que servían de consuelo para luego, abrazarla enteramente mía.
Ese día me había sugerido mi psiquíatra, que me alejara de su tumba, pues no me era saludable pasar por sus flores secas y nombres mal tallados, además sus compañeros y compañeras osaban desprenderse de sus memorias para visitar mis adentros y eso definitivamente no era bueno. A todo esto, como quien no quiere la cosa, no le había hecho caso y me dirigí, como tantas veces a su mansión de 3 subsuelos. Pensé en un momento dedicarle una canción, pero sus oídos estaban demasiados locos como para escucharme y pensé en otra cosa, a ver, ¿Mmmm? y sí... se me había ocurrido una idea genial: la cosa era encontrar una pala que estuviera cerca, por que estaba cansado y me dolían las piernas de tanto caminar. Creí que dentro de una garita la encontraría y el cuidador del lugar me presto una, misteriosamente no me pidió explicaciones. Fue así como en mis viejas juventudes en las cuales hacía a mi gusto lo que se me antojaba dentro de las cuatros paredes, blancas de por cierto. Comencé a excavar y el calor agobiante se estremecía dentro de mi piel, como si me quemara los huesos tal así como un horno de barro.
Apresuré los tiempos, no quería que ella despertara, quería darle una sorpresa. Tenía todo calculado, el tema era como tapar el hoyo, por que científicamente no había forma. Por eso fui de donde el cuidador y le pedí que me dé una mano, osea, que tapara mi hoyo. Lo hizo con gusto y se aseguro bien de haberlo hecho correctamente, luego no lo ví más por que la oscuridad me cegaba y la tierra me aplastaba lentamente. Dormí placenteramente, enterrada una foto nuestra como las de antes, esas las cuales uno le agarra un poquito de nostalgia. El cuidadador vaya a saber donde se había metido, ni tampoco me interesaba ya no existía más. Logre escribir estas líneas antes de ahogarme ensueño, la respiración se me acotaba y no se veía mucho, tan sólo un encendedor llevaba yo, y me servía solo para escribir estas imágenes, sin antes ver que parecía desprenderme la ropa de la piel con el calor de su fuego.
Si alguien leyera estas notas creó que decirles, que no pensarán igual que yo, pero morirme me da un gusto temeroso pero liberador al fin... el cuidador se perdió y nadie sabe donde encontrarlo tan solo dejo unas notas parecidas a las mías que de seguro no fueron un plagio. Capaz que lo encuentre en el cielo o el infierno ¿Quien sabrá? Lo único que sé es que morir así me dió un sutil gusto...
Jamás la había insultado en su nombre, pero era muy difiícil creer que su vida dejaría tantos huecos como un campo de golf...tal es así que su cama estaba vacia. El otro concepto es que su ausencia llenaba un vacio en mi, ya que su amor nunca había permitido un alcance a sus manos y como quien dice: -el mejor pasado es el que no se recuerda, sino que se vive-. Por supuesto que nunca la había golpeado, tan sólo unos correctivo que servían de consuelo para luego, abrazarla enteramente mía.
Ese día me había sugerido mi psiquíatra, que me alejara de su tumba, pues no me era saludable pasar por sus flores secas y nombres mal tallados, además sus compañeros y compañeras osaban desprenderse de sus memorias para visitar mis adentros y eso definitivamente no era bueno. A todo esto, como quien no quiere la cosa, no le había hecho caso y me dirigí, como tantas veces a su mansión de 3 subsuelos. Pensé en un momento dedicarle una canción, pero sus oídos estaban demasiados locos como para escucharme y pensé en otra cosa, a ver, ¿Mmmm? y sí... se me había ocurrido una idea genial: la cosa era encontrar una pala que estuviera cerca, por que estaba cansado y me dolían las piernas de tanto caminar. Creí que dentro de una garita la encontraría y el cuidador del lugar me presto una, misteriosamente no me pidió explicaciones. Fue así como en mis viejas juventudes en las cuales hacía a mi gusto lo que se me antojaba dentro de las cuatros paredes, blancas de por cierto. Comencé a excavar y el calor agobiante se estremecía dentro de mi piel, como si me quemara los huesos tal así como un horno de barro.
Apresuré los tiempos, no quería que ella despertara, quería darle una sorpresa. Tenía todo calculado, el tema era como tapar el hoyo, por que científicamente no había forma. Por eso fui de donde el cuidador y le pedí que me dé una mano, osea, que tapara mi hoyo. Lo hizo con gusto y se aseguro bien de haberlo hecho correctamente, luego no lo ví más por que la oscuridad me cegaba y la tierra me aplastaba lentamente. Dormí placenteramente, enterrada una foto nuestra como las de antes, esas las cuales uno le agarra un poquito de nostalgia. El cuidadador vaya a saber donde se había metido, ni tampoco me interesaba ya no existía más. Logre escribir estas líneas antes de ahogarme ensueño, la respiración se me acotaba y no se veía mucho, tan sólo un encendedor llevaba yo, y me servía solo para escribir estas imágenes, sin antes ver que parecía desprenderme la ropa de la piel con el calor de su fuego.
Si alguien leyera estas notas creó que decirles, que no pensarán igual que yo, pero morirme me da un gusto temeroso pero liberador al fin... el cuidador se perdió y nadie sabe donde encontrarlo tan solo dejo unas notas parecidas a las mías que de seguro no fueron un plagio. Capaz que lo encuentre en el cielo o el infierno ¿Quien sabrá? Lo único que sé es que morir así me dió un sutil gusto...
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