Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las canas de su cabeza
las cubre con un pañuelo.
Y tiene el rostro curtido ,
por el sol y por el viento.
La espalda lleva encorvada
y encallecidos los huesos.
La emoción viene a sus ojos,
al recordar viejos tiempos.
Aquellos de su niñez,
cuando jugaba en el huerto,
con lagartijas y grillos
entre los troncos resecos
Trabaja de sol a sol
desde el verano al invierno;
Sobre la reseca tierra
su juventud fue perdiendo.
De sus penas y alegrías
solo saben sus adentros.
Sus labios fueron sellados
para aguantar sufrimientos,
porque es su atávico orgullo
y su vergüenza el espejo,
donde segura se mira,
con dignidad y sosiego.
Es la esposa,la hija y madre
de curtidos jornaleros
Y esta mujer campesina,
siempre a su lado sufriendo.
Carmen Pacheco Sánchez
las cubre con un pañuelo.
Y tiene el rostro curtido ,
por el sol y por el viento.
La espalda lleva encorvada
y encallecidos los huesos.
La emoción viene a sus ojos,
al recordar viejos tiempos.
Aquellos de su niñez,
cuando jugaba en el huerto,
con lagartijas y grillos
entre los troncos resecos
Trabaja de sol a sol
desde el verano al invierno;
Sobre la reseca tierra
su juventud fue perdiendo.
De sus penas y alegrías
solo saben sus adentros.
Sus labios fueron sellados
para aguantar sufrimientos,
porque es su atávico orgullo
y su vergüenza el espejo,
donde segura se mira,
con dignidad y sosiego.
Es la esposa,la hija y madre
de curtidos jornaleros
Y esta mujer campesina,
siempre a su lado sufriendo.
Carmen Pacheco Sánchez