tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
No quiero escuchar más las verdades ocultas y navegar en la discordancia, es preciso enmascarar cada reflejo incandescente. Asimismo intento volver a vestir los gestos con sabiduría animal sistemáticamente, enardeciendo sin más que recordar los nubarrones que se van acercando por la orilla.
La noche sin embargo perplejará las distancias de cada imagen sobre cada murmullo en el fragor de la incomprensión. Tal vez no quede nada después de todo y ese cálido cuento de porcelana se haya roto contra el piso.
Es así que solo quedarán vagas sensaciones de indiferentes instantes de sabidurías intercambiables, que a la hora de partir no regresarán a su esencia. Entonces habremos regalado las emociones y será hora de las incandescencias superficiales a las que estamos tan acostumbrados.
Duele el saber que no volveré a ser aquel creador de fantasías, traficante de alegrías dogmatizadas por ausencias subestimadas. La dicha se ha alejado, puede que jamás haya estado ni cerca de lo inconmensurable. Habrá caído el evanescente tiempo de la imbecilidad impostada, capaz de crear agónicas semblanzas de displaceres, mientras que la musculación de ciertas emergencias sociales emerja del infierno de las luces predeterminadas del mal. Seguirá siendo la particional perspectiva de una perturbada musculación de luz.
La noche sin embargo perplejará las distancias de cada imagen sobre cada murmullo en el fragor de la incomprensión. Tal vez no quede nada después de todo y ese cálido cuento de porcelana se haya roto contra el piso.
Es así que solo quedarán vagas sensaciones de indiferentes instantes de sabidurías intercambiables, que a la hora de partir no regresarán a su esencia. Entonces habremos regalado las emociones y será hora de las incandescencias superficiales a las que estamos tan acostumbrados.
Duele el saber que no volveré a ser aquel creador de fantasías, traficante de alegrías dogmatizadas por ausencias subestimadas. La dicha se ha alejado, puede que jamás haya estado ni cerca de lo inconmensurable. Habrá caído el evanescente tiempo de la imbecilidad impostada, capaz de crear agónicas semblanzas de displaceres, mientras que la musculación de ciertas emergencias sociales emerja del infierno de las luces predeterminadas del mal. Seguirá siendo la particional perspectiva de una perturbada musculación de luz.