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Nada es mio (serie de sonetos encadenados)

poetakabik

Poeta veterano en el portal
Nada es mío: ni el pulso ni la herida,
ni el nombre que aprendí cuando nacía;
todo llega desnudo con el día
y al caer de la tarde se me olvida.
Somos sombra de luz apenas ida,
leve polvo que el aire desafía;
cuanto abrazo creyendo que es mi guía
se disuelve en la misma despedida.
Mas si acepto la pérdida callada
y me entrego al instante sin memoria,
brota dentro una paz recién hallada.
Ya no pesa la carga de la historia;
sólo amar, como brisa sosegada,
es vencer al silencio… y ser victoria.
Es vencer al silencio… y ser victoria
renunciar al orgullo de tener;
comprender que el vivir es sólo ser
una página suelta de la historia.
Ni la gloria perdura en su euforia,
ni el dolor permanece por doquier;
todo fluye, se rompe y vuelve a arder
como humo que se esfuma en la memoria.
Cuánto miedo inventamos por apego,
cuánta sombra levanta la costumbre
de creer nuestro el barro y nuestro el fuego.
Mas la vida no exige certidumbre,
sólo entrar en su cauce, limpio y ciego,
y abrazar cada instante como lumbre.
Y abrazar cada instante como lumbre
que ilumine la noche del pensar,
sin buscar otra orilla ni esperar
más verdad que el latido que nos alumbre.
Se deshace el afán, cae la herrumbre
de ese viejo deseo de durar;
aprendemos al fin que respirar
es la única patria que nos cumple.
Si la muerte se acerca, no amenaza:
es apenas un cambio de sendero,
una puerta sin llave ni coraza.
Nada pierde quien vive verdadero;
todo gana el que suelta lo que abraza
y hace del corazón su único hogar.
Y hace del corazón su único hogar
quien camina ligero por la vida,
sin la sed de victoria o de partida,
sin temor al naufragio o al azar.
Ya no lucha por nada que guardar,
ni defiende su máscara vencida;
sabe bien que la dicha más querida
es mirar, respirar… y perdonar.
Así el tiempo se vuelve compañero,
no verdugo implacable del pasado,
sino brisa que pasa y dice: «quiero».
Y en su curso sereno y acompasado,
comprendemos al fin, limpios y enteros:
nada es nuestro… y por eso hemos amado
 
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