scarlata
Poeta veterano en el portal.
Nadie mira a otros ojos en los autobuses.
Los zapatos bailan cuando madrugan
pero es el suyo un baile esclavo,
dependiente aún de las sábanas.
El suelo barre restos de saliva,
la mandíbula apretada de la última noche,
el reglón que agonizó sobre el último bostezo.
Y bostezo ante las ganas de ojos.
Un pie anula a otro pie,
mientras la ciudad esconde su contenido
y da vueltas sobre si misma.
Es tanto el vértigo,
que, sobre la niebla de los tejados,
se proyecta un ojo observando a otro ojo.
Y el mundo vuelve a ser en blanco y negro.
Tan fácil, en apariencia,
como pulsar el botón de parada y abandonar.
Los zapatos bailan cuando madrugan
pero es el suyo un baile esclavo,
dependiente aún de las sábanas.
El suelo barre restos de saliva,
la mandíbula apretada de la última noche,
el reglón que agonizó sobre el último bostezo.
Y bostezo ante las ganas de ojos.
Un pie anula a otro pie,
mientras la ciudad esconde su contenido
y da vueltas sobre si misma.
Es tanto el vértigo,
que, sobre la niebla de los tejados,
se proyecta un ojo observando a otro ojo.
Y el mundo vuelve a ser en blanco y negro.
Tan fácil, en apariencia,
como pulsar el botón de parada y abandonar.