Niña tejedora

dulcinista

Poeta veterano en el Portal
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016
 
Hola Eladio!!! Ha merecido la pena la espera, me encanta el poema. Qué bonitas las imágenes que has puesto acompañando al poema y la que con tus palabras muestras. Me encanta este tipo de poesía!!! Un abrazo y gracias por compartirla
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016
Otra joya de tu talento Mago Eladio,siempre disfruto de cada verso.Gracias por escribir amigo mío.Abrabesos en tu corazón ♥
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016
Muy bonito poema con muy bellas imágenes donde plasmas el encanto de una chiquilla y sus poderes para enamorar. Grato leerte. Un fuerte abrazo Eladio.
 
Hermoso, un poema digno de su poeta, me encanta este estilo, disfrutado plenamente. Gracias por compartirlo. ¡Saludos!
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016

Cómo me alegra volver a leerte admirado amigo. Un romance en toda regla con tu excelsa maestría con unas imágenes que aún perduran mientras te escribo.
Un fuerte abrazo Maestro Eladio.
 
Bella historia a hilado usted señor Eladio, siempre es un placer leer sus letras, muchos besos, buenas tardes.
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016

Eladio, qué alegría volver a leerte. Este poema es muy hermoso como todo lo que tú escribes. Las imágenes son muy bellas y a la par de la musicalidad en cada verso hacen de tu poema una joya. Te felicito. Saludos y Bendiciones.
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016
Ayyy Eladio, tus bellísimas letras tejen los sueños más vivos, mejor labrados por la imaginación del corazón, en consonancia con lo natural y transparente,... me han encantado, mi dulce y querido amigo, te echo de menos...muááááácksss....
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016
Fluidez. Una historia simple y hermosa. Cómo admiro esta poesía, así como rapidita, pero que se comprende
y va quedando queda verso en el pensamiento. Saludos Dulcinista.
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016
Amigo Eladio, que rico volver a encontrar tus bellos versos! Un gusto acercarme a disfrutarlos. Abrazos y mil bendiciones!
 
¡Magistral romance! El telar de los versos hila finamente la trama de su poema con un desenlace maravilloso a cielo negro. Un placer pasar por la inmensa y profunda belleza de su poesía, reciba mi más cordial saludo.
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016
Que alegría volver a leerte y con mucha admiración a tus letras, me gusto mucho amigo, un besote con todo mi cariño.
 
Hola Eladio!!! Ha merecido la pena la espera, me encanta el poema. Qué bonitas las imágenes que has puesto acompañando al poema y la que con tus palabras muestras. Me encanta este tipo de poesía!!! Un abrazo y gracias por compartirla
Gracias Esther, querida amiga, llevaba tiempo sin escribir, y me ha salido esto. Un beso.
 
Hola, Eladio: ves que aunque algo ligero de equipaje, ando de vuelta por esta querida casa, y además, hoy con la suerte se hallar este tremendo romance, que me dejo sinceramente maravillado.
Un lujo de reencuentro, mi amigo, todo un lujo.
Abrazo.
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016
Y así se valabrando el destino de las personas cada una con su propia historia, un cálido saludo y mucha luz para ti Dulcinista. Muchas Bendiciones.
 
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hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016

He disfrutado de este musical poema tan bien elaborado.
Felicidades, Eladio
Abrazo
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016
 
Hola Eladio,muy musical tu poema.Me gustan las imágenes que evoca,un abrazo.María.
 
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Enfrente de una ventana
hila que te hila la niña,
los pájaros son azules
y las flores amarillas.
Sobre cada hilo que teje
nace un pedazo de vida;
aquí su hermano pequeño
y allá su madre querida.
Su padre labra la tierra
desde que amanece el día
con el arado y la mula,
con el sudor que le brilla
perlado sobre la frente
como un agua cristalina.
Los colores resplandecen,
desde la tela la miran
y desde el hilo trenzado
la luna y el sol titilan.
Cielito, si el mismo viento
parece desde la orilla
del río, que se detiene
a mirar a la chiquilla.
Cielito y cielo, las nubes
se acercan como a escondidas
desde el norte tormentoso
con su viento y su neblina.
En la esquina de la tela,
la derecha, en esa esquina
un hombre con una espada
el brillante filo afila.
Y en la otra parte, la izquierda,
hay un león que la mira
y al espadachín de negro
con su mirada vigila.

Eladio Parreño Elías

21-Febrero-2016

Tiempo que no te leía Eladio, lamento el tiempo perdido, bellos tus versos. Saludos cordiales.
 

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