Jose Andrea Kastronovo
Poeta que considera el portal su segunda casa
En cuanto pueda respirar otra vez,
y pueda ver un atardecer sin recordarte,
cuando me sea posible no llorarte,
y pueda escuchar canciones sin extrañarte,
cuando pueda escribir poesía sin pensarte,
en ese momento, en ese preciso instante,
seguramente habré dejado de amarte,
y entonces, como amigo yo podré mirarte.
Y si lo necesitas, con gusto te lo firmo,
que, cuando te lance al abismo del olvido,
es porque ya habré dejado de amarte,
sólo entonces podré ser tu mejor amigo,
pues no habrá riesgo, de volver a suplicarte.
Quiero que entiendas porque no he servido
para poder ser solamente tu amigo,
es como ser el asesino de mi propio homicidio
o encontrar la libertad en una pradera en Marte.
Ser tu amigo, no es algo correcto, al menos,
mientras yo te siga amando con el alma,
no me llenaría tu amistad, faltarían tus besos,
equivaldría a ponerme en la sien un arma,
y dispararme con las balas de los recuerdos.
y pueda ver un atardecer sin recordarte,
cuando me sea posible no llorarte,
y pueda escuchar canciones sin extrañarte,
cuando pueda escribir poesía sin pensarte,
en ese momento, en ese preciso instante,
seguramente habré dejado de amarte,
y entonces, como amigo yo podré mirarte.
Y si lo necesitas, con gusto te lo firmo,
que, cuando te lance al abismo del olvido,
es porque ya habré dejado de amarte,
sólo entonces podré ser tu mejor amigo,
pues no habrá riesgo, de volver a suplicarte.
Quiero que entiendas porque no he servido
para poder ser solamente tu amigo,
es como ser el asesino de mi propio homicidio
o encontrar la libertad en una pradera en Marte.
Ser tu amigo, no es algo correcto, al menos,
mientras yo te siga amando con el alma,
no me llenaría tu amistad, faltarían tus besos,
equivaldría a ponerme en la sien un arma,
y dispararme con las balas de los recuerdos.