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No saltaré. 04 - sept /2018

José Ignacio Ayuso Diez

Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...


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Indeciso… abstraído,

helado de frío oteo el horizonte
de un mundo pervertido.
El dios de las alturas no me habla,
solo me chista, exige mi silencio,
que no converse con las giraldas.
Y se enfada airadamente conmigo ¡Me grita!
Me asusta su ronquera,
su fuerte respirar me tambalea. A punto está…
de hacerme saltar.


Me niega el ocaso… como castigo.
¡El muy cretino!
El ocaso de qué, o de quién?
Acaso ese Sol que aguanta la otra orilla, brilla?
O es que teme se cronifique mi ceguera…
Qué ceguera?
Si nunca llegué a abrir los ojos de mi alma.
Ni reposé los sueños de niño en la cometa.
Es un sol apagado y frío, que ya no calienta ni quema.
Y mucho menos, podrá influir en mi ceguera.


Tengo el inmenso océano a mis pies cerril, embravecido.
Mira distraído el balanceo de mis alas.
¡Se equivoca! ¡No tengo alas!
Ni pretendo tenerlas… todavía.
Cree impresionarme con su baile
a los pies de esas rocas
con esas olas rompedoras,
que susurran en la noche
aquella canción de nana mortecina
que invadía mi intimidad,
y mis sueños sin estrellas… en soledad.


Aún siento vértigo y frío,
pero sin embargo,
ni el horizonte perdido,
ni esa veleta muda, ni el ocaso.
Ni la cometa sin mis sueños,
ni mucho menos, ese sol apagado y mortecino
de este mundo pervertido,
harán que despliegue mis alas
y me lance al vacío.


No puedo dejarme engañar.
No nací muerto. Solo impedido
por falta de visión y sueños.
Pero el manantial de mi juicio, aún sin viciar,
hará que tome de vuelta el camino
y bajaré caminando hacia la mar.


No permitiré que el desánimo me venza.


“ No atisbo…

mi desnucar…”
José I.
 
Como grito enardecido transcurren estos tus versos que no dejan indiferente. Tu poema cala y se enreda y te deja su último eco que emerge ante la rotundidad del abismo:
No atisbo...
mi desnucar.


Precioso, José I.
Un placer su lectura. Un beso,
Eva

Muchas gracias Eva por tan "enardecido" comentario y tus aplausos a mi poema, que aunque no sea correcto decirlo me "engrosan el ego".
El placer es mío. Otro beso para ti. José I.
 

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Indeciso… abstraído,

helado de frío oteo el horizonte
de un mundo pervertido.
El dios de las alturas no me habla,
solo me chista, exige mi silencio,
que no converse con las giraldas.
Y se enfada airadamente conmigo ¡Me grita!
Me asusta su ronquera,
su fuerte respirar me tambalea. A punto está…
de hacerme saltar.


Me niega el ocaso… como castigo.
¡El muy cretino!
El ocaso de qué, o de quién?
Acaso ese Sol que aguanta la otra orilla, brilla?
O es que teme se cronifique mi ceguera…
Qué ceguera?
Si nunca llegué a abrir los ojos de mi alma.
Ni reposé los sueños de niño en la cometa.
Es un sol apagado y frío, que ya no calienta ni quema.
Y mucho menos, podrá influir en mi ceguera.


Tengo el inmenso océano a mis pies cerril, embravecido.
Mira distraído el balanceo de mis alas.
¡Se equivoca! ¡No tengo alas!
Ni pretendo tenerlas… todavía.
Cree impresionarme con su baile
a los pies de esas rocas
con esas olas rompedoras,
que susurran en la noche
aquella canción de nana mortecina
que invadía mi intimidad,
y mis sueños sin estrellas… en soledad.


Aún siento vértigo y frío,
pero sin embargo,
ni el horizonte perdido,
ni esa veleta muda, ni el ocaso.
Ni la cometa sin mis sueños,
ni mucho menos, ese sol apagado y mortecino
de este mundo pervertido,
harán que despliegue mis alas
y me lance al vacío.


No puedo dejarme engañar.
No nací muerto. Solo impedido
por falta de visión y sueños.
Pero el manantial de mi juicio, aún sin viciar,
hará que tome de vuelta el camino
y bajaré caminando hacia la mar.


No permitiré que el desánimo me venza.


“ No atisbo…

mi desnucar…”
José I.

Ver rotundo el abismo en poema que va elevando ese grito rotundo de soledad,
sentirse en el vacio pero marcar una fuerza intensa frente al ultimo salto. el poema
llega y deja al final un eco solemne de esfuerzo y liberacion.
excelente. saludos de luzyabsenta
 

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Indeciso… abstraído,

helado de frío oteo el horizonte
de un mundo pervertido.
El dios de las alturas no me habla,
solo me chista, exige mi silencio,
que no converse con las giraldas.
Y se enfada airadamente conmigo ¡Me grita!
Me asusta su ronquera,
su fuerte respirar me tambalea. A punto está…
de hacerme saltar.


Me niega el ocaso… como castigo.
¡El muy cretino!
El ocaso de qué, o de quién?
Acaso ese Sol que aguanta la otra orilla, brilla?
O es que teme se cronifique mi ceguera…
Qué ceguera?
Si nunca llegué a abrir los ojos de mi alma.
Ni reposé los sueños de niño en la cometa.
Es un sol apagado y frío, que ya no calienta ni quema.
Y mucho menos, podrá influir en mi ceguera.


Tengo el inmenso océano a mis pies cerril, embravecido.
Mira distraído el balanceo de mis alas.
¡Se equivoca! ¡No tengo alas!
Ni pretendo tenerlas… todavía.
Cree impresionarme con su baile
a los pies de esas rocas
con esas olas rompedoras,
que susurran en la noche
aquella canción de nana mortecina
que invadía mi intimidad,
y mis sueños sin estrellas… en soledad.


Aún siento vértigo y frío,
pero sin embargo,
ni el horizonte perdido,
ni esa veleta muda, ni el ocaso.
Ni la cometa sin mis sueños,
ni mucho menos, ese sol apagado y mortecino
de este mundo pervertido,
harán que despliegue mis alas
y me lance al vacío.


No puedo dejarme engañar.
No nací muerto. Solo impedido
por falta de visión y sueños.
Pero el manantial de mi juicio, aún sin viciar,
hará que tome de vuelta el camino
y bajaré caminando hacia la mar.


No permitiré que el desánimo me venza.


“ No atisbo…

mi desnucar…”
José I.
Me recuerda esa imagen a los acantilados de Moer y a las vistas con el mar de fondo y en vertical salpicado de diminutos barcos.
No, no hay porqué saltar ante tan grandiosas perspectivas, y menos cuando seguimos sabiendo que hay caminos de vuelta y retorno ante cualquier circunstancia. Allá otros con sus dioses y sus mundos y sus salidas de emergencias.
Me gustó el poema, muy acorde con la imagen.
Un saludo compañero.
 
Ver rotundo el abismo en poema que va elevando ese grito rotundo de soledad,
sentirse en el vacio pero marcar una fuerza intensa frente al ultimo salto. el poema
llega y deja al final un eco solemne de esfuerzo y liberacion.
excelente. saludos de luzyabsenta

Muchas gracias por tu lectura dedicada y tan amable comentario.
A veces la tentación nos lleva a tomar el camino del medio, el más fácil, y ya está, se acabo todo, pero eso es puro egoísmo, es no pensar en los que te quieren. Siempre hay otros caminos que tomar.
Es siempre un placer tenerte por estos lares. Un abrazo Luzyabsenta. José I.
 
Muchas gracias por tu lectura dedicada y tan amable comentario.
A veces la tentación nos lleva a tomar el camino del medio, el más fácil, y ya está, se acabo todo, pero eso es puro egoísmo, es no pensar en los que te quieren. Siempre hay otros caminos que tomar.
Es siempre un placer tenerte por estos lares. Un abrazo Luzyabsenta. José I.
Agradezco tu respuesta, es cierto que el hombre en ocasiones no vence
sus timideces. saludos siempre amables de luzyabsenta
 
Me recuerda esa imagen a los acantilados de Moer y a las vistas con el mar de fondo y en vertical salpicado de diminutos barcos.
No, no hay porqué saltar ante tan grandiosas perspectivas, y menos cuando seguimos sabiendo que hay caminos de vuelta y retorno ante cualquier circunstancia. Allá otros con sus dioses y sus mundos y sus salidas de emergencias.

Me gustó el poema, muy acorde con la imagen.
Un saludo compañero.

Muchas gracias a ti, Alonso, por hacerme ir (por internet) a los acantilados de Moher y disfrutar virtualmente de tan bello paraje
Irlanda-Cliffs-Acantilados-Moher-Barco.jpg


de hecho se parece mucho a la imagen del poema.
Agradezco también y mucho tu comentario al contenido de mi poema. Ese salto solo se debe dar si se tiene alas y se disfruta.
Saludos cordiales Alonso. José I.
 

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