BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
En esa densidad opaca
transmisora de semillas
de luminosos vientres
contraria a la luz del día
ofuscada materia extrema
que busca en la llama
la aproximación escueta.
Es de noche y todo duerme.
Como un vientre real,
como la mano supresora,
o como la lluvia que amenaza
vertidos difusos de hombres
vivos y forzados.
A las calles se sale
por la enésima contemplación.
Búsqueda incesante
de miembros reales
o de opacas transfiguraciones.
Todo nos busca. En los escuetos
márgenes de los ríos olvidados
y perezosos, en las maquetas
oriundas del viento y el fango,
y más allá, donde reina la soledad
de los mapas.
De niños vivos y forzosos.
Esclavos de su solemne austeridad.
Proclamados insurgentes en su maravillosa
vida acuática.
A nadie escuches esta noche, sólo
nuestra y de nadie.
Reserva en ti el pecho hundido
la materia gozosa que calibra su propio
despertar ingenuo.
La mejilla olorosa del vino y la esencia.
El postigo cerrado y las aves migratorias.
©
transmisora de semillas
de luminosos vientres
contraria a la luz del día
ofuscada materia extrema
que busca en la llama
la aproximación escueta.
Es de noche y todo duerme.
Como un vientre real,
como la mano supresora,
o como la lluvia que amenaza
vertidos difusos de hombres
vivos y forzados.
A las calles se sale
por la enésima contemplación.
Búsqueda incesante
de miembros reales
o de opacas transfiguraciones.
Todo nos busca. En los escuetos
márgenes de los ríos olvidados
y perezosos, en las maquetas
oriundas del viento y el fango,
y más allá, donde reina la soledad
de los mapas.
De niños vivos y forzosos.
Esclavos de su solemne austeridad.
Proclamados insurgentes en su maravillosa
vida acuática.
A nadie escuches esta noche, sólo
nuestra y de nadie.
Reserva en ti el pecho hundido
la materia gozosa que calibra su propio
despertar ingenuo.
La mejilla olorosa del vino y la esencia.
El postigo cerrado y las aves migratorias.
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