La luna no quiso verlo,
grillos ocultos callaban,
la brisa del sur ponía
voces de agónica plata.
Las ventanitas celestes
tras las nubes ocultadas,
y en el aire de la noche
un silencio de guitarras.
Los cabellos de los árboles
sentían la brisa amarga
y en el campo, ya sin forma,
horizontes sin distancias.
Los relojes se pararon
en aquella madrugada,
los camiones de la muerte
por la carretera larga.
La luna no quiso verlo
con ojos de triste estampa,
él, ataviado de blanco,
ellos, de sangre contraria.
En la mitad del camino
un viento tendió sus alas
y por los campos oscuros,
la voz del río estancada.
Cazadores inhumanos,
verde oscuro, verde capa,
plomo y plomo, el pelotón
con cabezas levantadas.
Él, se bajó del camión,
caminó con frente baja,
y los fusiles hablaron
aquella noche gitana.
La luna no quiso verlo,
la tierra que le guardaba
había abierto una herida
y no podía mirarla.
La niebla azul de la noche
muda tendía su manta,
la garganta de los versos
caía desmoronada.
El cielo entre monte y monte
negras sombras recortaba,
la brisa se puso fría
ante los ojos del alba.
*
Y se perdió para siempre
en la carretera larga,
la luna no quiso ver,
alma en sangre derramada.