NOCHE
Tu cobijo nos transforma
en pardos gatos,
exponiéndonos más al frenesí,
Oh, luna, que monitoreas el momento,
guardándolo en tu morbo
para usarlo,
cuando la ventana toda se cierre,
cuando ya nada puedas ver.
Ahora entiendo,
ese aullar de lobos,
llenos de rabia,
tratando de ahuyentar la chaperona,
sólo para propiciar intimidad.
Así tomarte,
sin luz alguna,
sin sombra alguna,
porque tu olor
y tu jadeo lleno de rocío,
no podrían ser captados por nuestros ojos.
Amarte a oscuras,
a la danza
del titilar de luciérnagas,
que es lo que nos recuerda,
que no hemos muerto.