LuKaS
L'enfant terrible
El cristal de la ventana, amplía las gotas de lluvia;
el fondo blanco de las nubes contrasta con la mañana.
En la extensión de los días, nueve mil un horas pasan,
advirtiendo tu ausencia por nostalgias desencadenadas.
Nueve mil un horas que hacen mas de un año, calculadas.
Cuando estabas conmigo, volaban por la casa las semanas.
Ahora suenan las campanas de un reloj que antes ni oía.
Ahora miro a través del vidrio con mis manos apoyadas.
Y los cántaros de lágrimas que oradan el aire del alma,
al besar el empedrado, transforman su esencia en agua,
en las manos de la tierra, que por ladrillos camufladas,
son concentradas en sus labios y probadas. Son besadas.
Y como buen bohemio que se detiene a despedir el alba,
y siente a su espíritu apacible en la noche anunciada,
mientras aguarda por los primeros rayos de la madrugada,
hasta que el sol transporte su esplendor a la alborada.
Así te espero yo, hasta que ilumine mi día tu llegada.