Albertyo Moliendo
Poeta recién llegado
Estoy hundiéndome en la disimulada desesperanza
que mi precisa intuición me advierte.
No es que Motril sea mi perdición,
allí en Granada seguiré sin hablar con el peluquero
y sin fijarme en vuestros recientes cortes de pelo.
Seguiré tan poco impresionado como sincero
y con aires de artista invitado.
Porque no me interesáis, plebe.
Porque no soy vosotros y vosotros míos sois.
Porque no quiero vuestro cariño,
ni por supuesto vuestro confiar.
Porque aún sin quererlo mentís.
Y es que en Villa Mierda todo huele mal,
y los que con perfumados aromas lo ocultan
consiguen esa esencia a falsísima mugre
condenada eternamente a la envolvente bruma falsa.
Ya solo quiero guapas y poetas, poetas y guapas.
Locos y zorras, copas y músicos, burdeles mágicos.
Pero... ¿Los poetas serán poetas?¿Las guapas tan zorras?
¿Serán como yo y mis defectos? No.
Pasarán a ser plebe y jamás gozaré la existencia suprema.
No sé si existirán de verdad, pero bastan en mis sueños.
La zorra poeta ni en sueños, para mí tan inimaginable
como nuevos colores o como el infinito.
Sólo espero ser valiente cuando la soledad
dispare a mi pecho una bala de monotonía.
¡Nunca desfalleceré en la escalofriante fosa común!
¡Jamás!
Sobre ella podré amar al Veleta,
a los ancianísimos de ancho bastón
y tan alegres pelucas verdes.
A la mosca de mi papelera húmeda
de escupitajos y lágrimas,
de angustia e inconmensurable desprecio.
que mi precisa intuición me advierte.
No es que Motril sea mi perdición,
allí en Granada seguiré sin hablar con el peluquero
y sin fijarme en vuestros recientes cortes de pelo.
Seguiré tan poco impresionado como sincero
y con aires de artista invitado.
Porque no me interesáis, plebe.
Porque no soy vosotros y vosotros míos sois.
Porque no quiero vuestro cariño,
ni por supuesto vuestro confiar.
Porque aún sin quererlo mentís.
Y es que en Villa Mierda todo huele mal,
y los que con perfumados aromas lo ocultan
consiguen esa esencia a falsísima mugre
condenada eternamente a la envolvente bruma falsa.
Ya solo quiero guapas y poetas, poetas y guapas.
Locos y zorras, copas y músicos, burdeles mágicos.
Pero... ¿Los poetas serán poetas?¿Las guapas tan zorras?
¿Serán como yo y mis defectos? No.
Pasarán a ser plebe y jamás gozaré la existencia suprema.
No sé si existirán de verdad, pero bastan en mis sueños.
La zorra poeta ni en sueños, para mí tan inimaginable
como nuevos colores o como el infinito.
Sólo espero ser valiente cuando la soledad
dispare a mi pecho una bala de monotonía.
¡Nunca desfalleceré en la escalofriante fosa común!
¡Jamás!
Sobre ella podré amar al Veleta,
a los ancianísimos de ancho bastón
y tan alegres pelucas verdes.
A la mosca de mi papelera húmeda
de escupitajos y lágrimas,
de angustia e inconmensurable desprecio.