Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
Ojos Hindúes
Ella tiene unos ojos,
como los que se reflejan en las aguas del Taj Mahal;
son grandes, negros y expresivos.
Dicen todo,
así no diga nada su boca acaramelada.
Su boca, que tiene tatuada en los labios
palabras semejantes al sentimiento extraño,
tiene el descaro
de querer ser tatuada con el rojo de la rosa,
cuando en realidad esconde el color que aun no tiene
la paleta de todos los pintores reencarnados.
Y ahora su boca,
de querer ser tatuada
poco a poco se convierte en tatuadora.
Y me llena el alma de acuarelas,
con agujas de amor que crean tonalidades en degrade,
desde el color carne - dorado de su piel,
hasta el azul combinado de sus ropas,
en una mezcla nunca antes lograda,
que hace sentir raras cosas:
como si se doblara el arcoíris y uno se atragantara con este,
en un solo bocado de ensueño.
Y me siento esclavo bajo sus encantos,
como un anónimo delante del paredón de fondo blanco.
Ella dispara poco a poco,
y con sus palabras va coloreándome la vida.
Ella tiene unos ojos,
como los que se reflejan en las aguas del Taj Mahal;
son grandes, negros y expresivos.
Dicen todo,
así no diga nada su boca acaramelada.
Su boca, que tiene tatuada en los labios
palabras semejantes al sentimiento extraño,
tiene el descaro
de querer ser tatuada con el rojo de la rosa,
cuando en realidad esconde el color que aun no tiene
la paleta de todos los pintores reencarnados.
Y ahora su boca,
de querer ser tatuada
poco a poco se convierte en tatuadora.
Y me llena el alma de acuarelas,
con agujas de amor que crean tonalidades en degrade,
desde el color carne - dorado de su piel,
hasta el azul combinado de sus ropas,
en una mezcla nunca antes lograda,
que hace sentir raras cosas:
como si se doblara el arcoíris y uno se atragantara con este,
en un solo bocado de ensueño.
Y me siento esclavo bajo sus encantos,
como un anónimo delante del paredón de fondo blanco.
Ella dispara poco a poco,
y con sus palabras va coloreándome la vida.
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