La canela y el cardamomo
impregnan mi casa de su olor.
Su presencia me hace soñar,
me envuelven en su aroma moreno,
en la cascarita verde de una semilla antigua,
en la calidez de las tardes en la cocina.
Cuando el silencio se abraza a la noche
las rayitas negras
entran por la ventana,
mis ojos no dejan de bailar.
Los fantasmas de los muebles
se mueven inquietos
y la farola de la calle
pasea su aureola amarilla
sobre la pared ocre.
La suavidad de las horas
pasa despacio.
Quisiera que se durmiera la noche
acurrucada en mi cama.
impregnan mi casa de su olor.
Su presencia me hace soñar,
me envuelven en su aroma moreno,
en la cascarita verde de una semilla antigua,
en la calidez de las tardes en la cocina.
Cuando el silencio se abraza a la noche
las rayitas negras
entran por la ventana,
mis ojos no dejan de bailar.
Los fantasmas de los muebles
se mueven inquietos
y la farola de la calle
pasea su aureola amarilla
sobre la pared ocre.
La suavidad de las horas
pasa despacio.
Quisiera que se durmiera la noche
acurrucada en mi cama.