Once mordiscos al espejo

Funámbula Peperina

Poeta recién llegado
I. Yo nací un día en que el viento tiró la luna y de los pedazos brotó el perfume de una noche rota. Resaca y fiebre del desprendimiento.
II. Me miro al espejo y recuerdo que soy hija de Octubre y mi cuna fue el viento. Me acerco al espejo nebulante de ausencias y miedos. Esto es dar un salto al abismo, perder el pudor de arrancarle los ojos al reflejo; de dejar atrapar un recuerdo entre las uñas.
III. En el umbral hay un camino muy largo lleno de huellas diáfanas como anémonas en el agua, como cristal de auroras. Hay un camino que crece como selva bajo una lluvia de clavel.
IV. Detrás de la cortina de naranjos y buganvilias, la memoria en su disoluta intransigencia cose las bocas de mis pasados. Visión de que lo cruel no es el olvido. Hoy me siento valiente.
V. Me acuerdo que cuando era niña, en el jardín crecían mariposas. Blancas, amarillas; en su impasible elevación. Me decían que las sembraban los muertos para que los vivos no se olvidaran de mirar al cielo. Y me acuerdo tanto porque yo a las mariposas les tengo miedo. Han de oler a piedritas y a tubérculo; a sal de hueso.
VI. También me acuerdo de caracoles enterrados. A veces pensaba que eran las semillas de los muertos y que de ellas brotaría música de oboes; música líquida y mínima.
VII. Miraba mis manos en el lodo. Parecían pájaros aleteando en el cielo espeso de nubes y los pobrecitos no hacían más que ahogarse con tanto aire.
VIII. Decían, me acuerdo, que en el terreno de atrás espantaban unos fantasmas que balaban como cabras en matadero. A mí me daba más miedo el profundo aroma a nostalgia impregnándose en los recovecos de nuestras historias.
IX. Yo no sabía dónde esconderme del miedo. Lo creía nigromante.
X. También recuerdo mis ojos estrellándose contra los vidrios de una ventana grande donde me sentaba con Nina a platicar en silencio. Nina sólo hablaba en silencio, como hablan las cosas de este mundo y los muertos del otro. Nina era un niño y tuvo miedo de decirme que me tenía que dejar.
XI. Pero sobre todo recuerdo presentir soledades e intuir la entelequia del silencio.
 
Mordiscos que nos hablan amiga
de tu personalidad profunda, esa
que todos escondemos
y que apenas conocemos. Un beso,
me ha encantado leerte en esta disección de tu interior.
Te dejo reputación.
 
no me gusta cuando me sorprenden jaja!! esta bueno tu trabajo, haces eso de jugar con las palabras que me hace pensar en imágenes, sentidos, etc... anémonas, olor a piedritas... ahhh que bien... saludos
 
Funámbula Peperina;4684319 dijo:
I. Yo nací un día en que el viento tiró la luna y de los pedazos brotó el perfume de una noche rota. Resaca y fiebre del desprendimiento.
II. Me miro al espejo y recuerdo que soy hija de Octubre y mi cuna fue el viento. Me acerco al espejo nebulante de ausencias y miedos. Esto es dar un salto al abismo, perder el pudor de arrancarle los ojos al reflejo; de dejar atrapar un recuerdo entre las uñas.
III. En el umbral hay un camino muy largo lleno de huellas diáfanas como anémonas en el agua, como cristal de auroras. Hay un camino que crece como selva bajo una lluvia de clavel.
IV. Detrás de la cortina de naranjos y buganvilias, la memoria en su disoluta intransigencia cose las bocas de mis pasados. Visión de que lo cruel no es el olvido. Hoy me siento valiente.
V. Me acuerdo que cuando era niña, en el jardín crecían mariposas. Blancas, amarillas; en su impasible elevación. Me decían que las sembraban los muertos para que los vivos no se olvidaran de mirar al cielo. Y me acuerdo tanto porque yo a las mariposas les tengo miedo. Han de oler a piedritas y a tubérculo; a sal de hueso.
VI. También me acuerdo de caracoles enterrados. A veces pensaba que eran las semillas de los muertos y que de ellas brotaría música de oboes; música líquida y mínima.
VII. Miraba mis manos en el lodo. Parecían pájaros aleteando en el cielo espeso de nubes y los pobrecitos no hacían más que ahogarse con tanto aire.
VIII. Decían, me acuerdo, que en el terreno de atrás espantaban unos fantasmas que balaban como cabras en matadero. A mí me daba más miedo el profundo aroma a nostalgia impregnándose en los recovecos de nuestras historias.
IX. Yo no sabía dónde esconderme del miedo. Lo creía nigromante.
X. También recuerdo mis ojos estrellándose contra los vidrios de una ventana grande donde me sentaba con Nina a platicar en silencio. Nina sólo hablaba en silencio, como hablan las cosas de este mundo y los muertos del otro. Nina era un niño y tuvo miedo de decirme que me tenía que dejar.
XI. Pero sobre todo recuerdo presentir soledades e intuir la entelequia del silencio.

Visiones muy profundas nos regalas,
de vivencias que solo tú conoces
y aquí nos muestras tus sentimientos a flor de piel...
Un placer haber pasado, un beso.


:bienvenido:
 
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