Evelyn21
Poeta que no puede vivir sin el portal
Hay noches de noches como días de días,
hay proeza y reproche,
proceder y suceso.
hay proeza y reproche,
proceder y suceso.
Está esta vida, la otra, la imagen, las gotas, el silencio.
Está lo inmenso, está el sereno de una incesante piel.
Está la boca y existe el beso, estuvo el preso que se declaró rehén.
Está el confeso, el modesto, el inquebrantable bien.
Está lo eterno, están los sueños, los tiernos, los cursis también.
Están los versos, los perros,
están completos los que van y ven.
Está lo absurdo, lo obtuso, el profuso y el que anda a pie.
Está la esencia, la imprenta, la marca de la perdurable miel.
Está la pena, el poema,
el absurdo del no saber por qué.
Está la locura, la fortuna,
la loca rueda que se gira por doquier.
Está este ritmo, el libro,
el poeta de un corazón sin ser.
Están las sobras, las obras.
Está el artista, la vista,
están las pistas de un insano proceder.
Está esta zona, está la corta,
la página de letras que nadie nombra.
Están las rimas,
las jornadas primas,
las recitadas ganas,
las ironías pagas
de la sinfonía cruel.
Están las almas, las palmas,
está mi pluma y el incontenible tren.
Está impreso, está el proceso,
está el grito silencioso de un imaginario revés.
Está la voz, el invierno,
el frió que al cantor dejó tieso.
Están sin vernos,
están tan prestos,
están de espaldas,
los mal llamados gestos.
Está la lengua,
la afilada espada,
la tranquilidad sarcástica,
la insultada ansiedad.
Está el mundo, está el pequeño,
está el terreno que no se ha de pisar.
Está la estrategia, la estela,
las nubes de una poblada ciudad.
Están las horas,
están tan cortas,
están tan solas,
como el caminante
que deja de andar.
Está la hoguera, poesía ajena de un sinsentido pensar.
Están la ausencia, la soledad y la tristeza,
apostando su próxima víctima a desgarrar.
Está la sonrisa, la absurda mueca,
la frente tersa de una teoría sin par.
Está lo largo, lo parco,
en un barco que va a naufragar.
Está el rió,
lo mío
y . . .
¡Lo que nunca se ha de quedar!
Está el final, el canal,
la alianza de una mimada promiscuidad.
Estoy estando, pensando, gestando un aturdido sardónico y onírico. . . Despertar.
Está lo inmenso, está el sereno de una incesante piel.
Está la boca y existe el beso, estuvo el preso que se declaró rehén.
Está el confeso, el modesto, el inquebrantable bien.
Está lo eterno, están los sueños, los tiernos, los cursis también.
Están los versos, los perros,
están completos los que van y ven.
Está lo absurdo, lo obtuso, el profuso y el que anda a pie.
Está la esencia, la imprenta, la marca de la perdurable miel.
Está la pena, el poema,
el absurdo del no saber por qué.
Está la locura, la fortuna,
la loca rueda que se gira por doquier.
Están las cartas, los juegos,
se van los premios sin tener con quien.
se van los premios sin tener con quien.
Están las razones. . .
Las emociones. . .
Las canciones. . .
¡Maldito vaivén!
Está este ritmo, el libro,
el poeta de un corazón sin ser.
Están las sobras, las obras.
Está el artista, la vista,
están las pistas de un insano proceder.
Está esta zona, está la corta,
la página de letras que nadie nombra.
Están las rimas,
las jornadas primas,
las recitadas ganas,
las ironías pagas
de la sinfonía cruel.
Están las almas, las palmas,
está mi pluma y el incontenible tren.
Está el escrito,
está preciso,
está lo visto
y . . .
¿Lo claro?
¿Lo claro?
¡También!
Está impreso, está el proceso,
está el grito silencioso de un imaginario revés.
Está la voz, el invierno,
el frió que al cantor dejó tieso.
Están sin vernos,
están tan prestos,
están de espaldas,
los mal llamados gestos.
Está la lengua,
la afilada espada,
la tranquilidad sarcástica,
la insultada ansiedad.
Está el mundo, está el pequeño,
está el terreno que no se ha de pisar.
Está la estrategia, la estela,
las nubes de una poblada ciudad.
Están las horas,
están tan cortas,
están tan solas,
como el caminante
que deja de andar.
Está la hoguera, poesía ajena de un sinsentido pensar.
Están la ausencia, la soledad y la tristeza,
apostando su próxima víctima a desgarrar.
Está la sonrisa, la absurda mueca,
la frente tersa de una teoría sin par.
Está lo largo, lo parco,
en un barco que va a naufragar.
Está el rió,
lo mío
y . . .
¡Lo que nunca se ha de quedar!
Está el final, el canal,
la alianza de una mimada promiscuidad.
Estoy estando, pensando, gestando un aturdido sardónico y onírico. . . Despertar.
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