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Optimist

musador

esperando...
Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
repicando corazones
en sus alas marineras.

Cada niño va en su mundo
con la soledad a cuestas,
envergado su coraje
al viento que en su cangreja
es la mano del destino
que se suma a la sapiencia.

Encarada la ceñida,
parece que el fin se acerca
con cada ola que viene,
amenazante su cresta;
pero es noble el barquichuelo
y con donaire la trepa
dejándola que se alce
para mostrarle su estela.

En la empopada la ola
de popa viene y lo eleva
por un momento dejándolo
con la popa hacia una estrella
y la proa hacia el abismo
donde el vértigo lo espera:
del timón un breve gesto
pasar a la ola deja.

Todo el cuerpo puesto en juego
adrizando con sinergia,
en una mano la escota
dándole vida a la vela,
en la otra mano el timón
dándole al rumbo conciencia.

Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
que con paciencia los mece
como una madre que sueña
con los destinos que forja,
con las alas que se templan.



p.jpeg
 
Última edición:
La intrepidez de esos niños ante el poderío del mar , disfruté de la historia , Jorge .
Abrazo.

Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
repicando corazones
en sus alas marineras.

Cada niño va en su mundo
con la soledad a cuestas,
envergado su coraje
al viento que en su cangreja
es la mano del destino
que se suma a la sapiencia.

Encarada la ceñida,
parece que el fin se acerca
con cada ola que viene,
amenazante su cresta;
pero es noble el barquichuelo
y con donaire la trepa
dejándola que se alce
para mostrarle su estela.

En la empopada la ola
de popa viene y lo eleva
por un momento dejándolo
con la popa hacia una estrella
y la proa hacia el abismo
donde el vértigo lo espera:
un breve gesto del timón
pasar a la ola deja.

Todo el cuerpo puesto en juego
adrizando con sinergia,
en una mano la escota
dándole vida a la vela,
el timón en la otra mano
dándole al rumbo conciencia.

Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
que con paciencia los mece
como una madre que sueña
con los destinos que forja,
con las alas que se templan.
 
La intrepidez de esos niños ante el poderío del mar , disfruté de la historia , Jorge .
Abrazo.
Mi nieta Faustina, de trece años, participó hace unos días de un campeonato de Optimist en Mar del Plata. De los ratos que pasé imaginándola en el mar surgió este romance, quizás poco expresivo para los que no tengan la experiencia de la navegación a vela.

gracias y abrazo, Elba
Jorge
 
Última edición:
Evocador y muy lindo romance, hermano. Toda una alegoría poética, densa en vocabulario marinero, que nos remonta a la infancia y nos recuerda lo importante que es, cuando ya somos hombres, seguir soñando y conservar la alegría de vivir. ¡Ah, la infancia!, la edad en la que los sueños comienzan y la imaginación nos hace crear y surcar mares desconocidos...

Tuve una infancia feliz, hermano ─gracias a Dios─. También eché un par de barquitos a la mar, elevé volantines, fui a la guerra y regresé ileso, me dormí en el menguante de la luna, como cuento en algún poema. Este romance tuyo me ha hecho recordar todas esas cosas. Gracias por ello.

En lo formal, encuentro todo perfecto, excepto la métrica del penúltimo verso de la cuarta, si no he leído mal.

Hablamos, Jorge.
Un abrazo.
 
Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
repicando corazones
en sus alas marineras.

Cada niño va en su mundo
con la soledad a cuestas,
envergado su coraje
al viento que en su cangreja
es la mano del destino
que se suma a la sapiencia.

Encarada la ceñida,
parece que el fin se acerca
con cada ola que viene,
amenazante su cresta;
pero es noble el barquichuelo
y con donaire la trepa
dejándola que se alce
para mostrarle su estela.

En la empopada la ola
de popa viene y lo eleva
por un momento dejándolo
con la popa hacia una estrella
y la proa hacia el abismo
donde el vértigo lo espera:
un breve gesto del timón
pasar a la ola deja.

Todo el cuerpo puesto en juego
adrizando con sinergia,
en una mano la escota
dándole vida a la vela,
el timón en la otra mano
dándole al rumbo conciencia.

Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
que con paciencia los mece
como una madre que sueña
con los destinos que forja,
con las alas que se templan.

¡Precioso romance, Jorge! Cuánto aprendí metido en esa caja de zapatos; fui muy feliz.
Me encanta cómo describes ese delicado momento de la empopada en el que las olas y el propio embiste del viento empujan la proa hacia "el abismo", hacer el "submarino" lo llamábamos nosotros... Y ese bombeo en los tramos menos ventosos.
Es bello contemplar la destreza con que se manejan los patojos en esa nave diminuta, cómo viran, cómo trasluchan, cómo se protestan, jaja.
Tal y como apuntaba el compañero Elhi, la plasticidad, la física, de estos versos me han transportado a aquellos días en los que mi yo niño jugaba libre y feliz, y me viene a la memoria aquel aforismo de Nietzsche “La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño”. Y sí, ¡con qué seriedad juega el niño!
Un abrazo, amigo, y gracias por este momento de grata poesía.
 
Última edición:
Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
repicando corazones
en sus alas marineras.

Cada niño va en su mundo
con la soledad a cuestas,
envergado su coraje
al viento que en su cangreja
es la mano del destino
que se suma a la sapiencia.

Encarada la ceñida,
parece que el fin se acerca
con cada ola que viene,
amenazante su cresta;
pero es noble el barquichuelo
y con donaire la trepa
dejándola que se alce
para mostrarle su estela.

En la empopada la ola
de popa viene y lo eleva
por un momento dejándolo
con la popa hacia una estrella
y la proa hacia el abismo
donde el vértigo lo espera:
un breve gesto del timón
pasar a la ola deja.

Todo el cuerpo puesto en juego
adrizando con sinergia,
en una mano la escota
dándole vida a la vela,
el timón en la otra mano
dándole al rumbo conciencia.

Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
que con paciencia los mece
como una madre que sueña
con los destinos que forja,
con las alas que se templan.


Bueno, Jorge, qué te puedo decir de algo tan hermoso como este relato, imagino esos críos, enfrentando la mar con arrojo, también a mi me gustaron mucho estos versos

En la empopada la ola
de popa viene y lo eleva
por un momento dejándolo
con la popa hacia una estrella
y la proa hacia el abismo
donde el vértigo lo espera:
un breve gesto del timón
pasar a la ola deja.

Aunque todo el romance nos lleva a imagen tras imagen a imaginar a esa.

Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
repicando corazones
en sus alas marineras.


Le has dado un toque cálido, entusiasta, y nostálgico, como si tu mismo lo revivieras.
Un abrazo,
Isabel
 
Última edición:
Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
repicando corazones
en sus alas marineras.

Cada niño va en su mundo
con la soledad a cuestas,
envergado su coraje
al viento que en su cangreja
es la mano del destino
que se suma a la sapiencia.

Encarada la ceñida,
parece que el fin se acerca
con cada ola que viene,
amenazante su cresta;
pero es noble el barquichuelo
y con donaire la trepa
dejándola que se alce
para mostrarle su estela.

En la empopada la ola
de popa viene y lo eleva
por un momento dejándolo
con la popa hacia una estrella
y la proa hacia el abismo
donde el vértigo lo espera:
del timón un breve gesto
pasar a la ola deja.

Todo el cuerpo puesto en juego
adrizando con sinergia,
en una mano la escota
dándole vida a la vela,
el timón en la otra mano
dándole al rumbo conciencia.

Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
que con paciencia los mece
como una madre que sueña
con los destinos que forja,
con las alas que se templan.
Qué belleza, Jorge! Crecí haciendo windsurf en lagos, aquí, en mis pagos, en el Nihuil, Valle grande y Los Reyunos, no es lo mismo pero me hiciste recordar esos días en familia y luego con amigos sintiendo esa sensación de estar en el agua con una vela gigante haciendo sombra dando al alma la libertad necesaria para alcanzar la felicidad.
Excelente tu romance.
Va mi fuerte abrazo.
 
Evocador y muy lindo romance, hermano. Toda una alegoría poética, densa en vocabulario marinero, que nos remonta a la infancia y nos recuerda lo importante que es, cuando ya somos hombres, seguir soñando y conservar la alegría de vivir. ¡Ah, la infancia!, la edad en la que los sueños comienzan y la imaginación nos hace crear y surcar mares desconocidos...

Tuve una infancia feliz, hermano ─gracias a Dios─. También eché un par de barquitos a la mar, elevé volantines, fui a la guerra y regresé ileso, me dormí en el menguante de la luna, como cuento en algún poema. Este romance tuyo me ha hecho recordar todas esas cosas. Gracias por ello.

En lo formal, encuentro todo perfecto, excepto la métrica del penúltimo verso de la cuarta, si no he leído mal.

Hablamos, Jorge.
Un abrazo.
Gracias, hermanito. Dudé bastante en usar la palabreja «sinergia» en este romance, pero creo que es la que mejor expresa la integralidad de la experiencia, la manera en que los niños suman cuerpo e inteligencia para interactuar con cosas tan esenciales como el mar y el viento. Quizás el goce sea el más hermoso fruto de esa sinergia en la que el ser humano pone en juego todas sus facultades al unísono, concertadamente (abuso exprofeso de la metáfora musical: creo que un ejemplo hermosísimo de sinergia es una orquesta).

Es una linda edad la de la infancia, tan creativa...

Resuelto el problema métrico: gracias.

Agregué una foto, échale un vistazo.

abrazote
Jorge
 
¡Precioso romance, Jorge! Cuánto aprendí metido en esa caja de zapatos; fui muy feliz.
Me encanta cómo describes ese delicado momento de la empopada en el que las olas y el propio embiste del viento empujan la proa hacia "el abismo", hacer el "submarino" lo llamábamos nosotros... Y ese bombeo en los tramos menos ventosos.
Es bello contemplar la destreza con que se manejan los patojos en esa nave diminuta, cómo viran, cómo trasluchan, cómo se protestan, jaja.
Tal y como apuntaba el compañero Elhi, la plasticidad, la física, de estos versos me han transportado a aquellos días en los que mi yo niño jugaba libre y feliz, y me viene a la memoria aquel aforismo de Nietzsche “La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño”. Y sí, ¡con qué seriedad juega el niño!
Un abrazo, amigo, y gracias por este momento de grata poesía.
Vaya, no sabía de tu experiencia marinera. «irse por ojo» le decimos nosotros a esa experiencia que tú llamas «hacer el submarino», cuando la ola de popa te empuja dentro de la ola de proa y te encuentras de repente con el agua a la cintura... Lo del aquique en los recalmones me lo salteé, bien podría haberlo incluido.
Tremenda seriedad la de estos niños. El otro día estuve colaborando con mi nieta arreglando la fogonadura de su velero, la vieras como maneja la pinza y el destornillador: una práctica para la vida...

La navegación a vela es una maravilla: en pocas cosas he gozado tanto.

gracias y abrazo, Andreas
 
Pues sí, claro que lo reviví, aunque mi experiencia en barcos tan chicos es bastante limitada; tampoco he navegado en el mar, aunque nuestro Río de la Plata cuando se pone bravo hace honor a su título de Mar Dulce. Navegar, estando involucrado en la navegación, es una hermosa experiencia, querida Isabel.

gracias y abrazo
Jorge

Bueno, Jorge, qué te puedo decir de algo tan hermoso como este relato, imagino esos críos, enfrentando la mar con arrojo, también a mi me gustaron mucho estos versos

En la empopada la ola
de popa viene y lo eleva
por un momento dejándolo
con la popa hacia una estrella
y la proa hacia el abismo
donde el vértigo lo espera:
un breve gesto del timón
pasar a la ola deja.

Aunque todo el romance nos lleva a imagen tras imagen a imaginar a esa.

Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
repicando corazones
en sus alas marineras.


Le has dado un toque cálido, entusiasta, y nostálgico, como si tu mismo lo revivieras.
Un abrazo,
Isabel
 
Última edición:
Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
repicando corazones
en sus alas marineras.

Cada niño va en su mundo
con la soledad a cuestas,
envergado su coraje
al viento que en su cangreja
es la mano del destino
que se suma a la sapiencia.

Encarada la ceñida,
parece que el fin se acerca
con cada ola que viene,
amenazante su cresta;
pero es noble el barquichuelo
y con donaire la trepa
dejándola que se alce
para mostrarle su estela.

En la empopada la ola
de popa viene y lo eleva
por un momento dejándolo
con la popa hacia una estrella
y la proa hacia el abismo
donde el vértigo lo espera:
del timón un breve gesto
pasar a la ola deja.

Todo el cuerpo puesto en juego
adrizando con sinergia,
en una mano la escota
dándole vida a la vela,
en la otra mano el timón
dándole al rumbo conciencia.

Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
que con paciencia los mece
como una madre que sueña
con los destinos que forja,
con las alas que se templan.



p.jpeg
Una hermosa escena en que discurre la felicidad de esa bandada de niños que en su ingenuidad quizá se sientan piratas o conquistadores.
Un tierno y evocador poema estimado poeta.
Saludos y respetos
 
Qué belleza, Jorge! Crecí haciendo windsurf en lagos, aquí, en mis pagos, en el Nihuil, Valle grande y Los Reyunos, no es lo mismo pero me hiciste recordar esos días en familia y luego con amigos sintiendo esa sensación de estar en el agua con una vela gigante haciendo sombra dando al alma la libertad necesaria para alcanzar la felicidad.
Excelente tu romance.
Va mi fuerte abrazo.
No conozco los lagos mendocinos, pero imagino que el viento en ellos debe ser muy arrachado, haciendo la cosa difícil. Siempre envidio a los windsurfers cuando me cruzo con ellos en el río, la integración cuerpo-embarcación parece en ellos mayor que en los veleros.
gracias y abrazote, Angel
Jorge
 
Una hermosa escena en que discurre la felicidad de esa bandada de niños que en su ingenuidad quizá se sientan piratas o conquistadores.
Un tierno y evocador poema estimado poeta.
Saludos y respetos
La navegación de estos barquichuelos en regata es bastante exigente, dudo que estos niños tengan tiempo para fantasías épicas: como dice Andreas, son muy serios en lo que hacen.

gracias y abrazo, Manuel
Jorge
 
La navegación de estos barquichuelos en regata es bastante exigente, dudo que estos niños tengan tiempo para fantasías épicas: como dice Andreas, son muy serios en lo que hacen.

gracias y abrazo, Manuel
Jorge
No creo que la fantasía choque con la realidad, aun en una tarea tan exigente, yo mismo siendo viejo en ocasiones me he creido Airton Senna mientras condusco mi destartalado carro por alguna que otra autopista.
Pero no le niego razón.
Saludos poeta.
 

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