musador
esperando...
Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
repicando corazones
en sus alas marineras.
Cada niño va en su mundo
con la soledad a cuestas,
envergado su coraje
al viento que en su cangreja
es la mano del destino
que se suma a la sapiencia.
Encarada la ceñida,
parece que el fin se acerca
con cada ola que viene,
amenazante su cresta;
pero es noble el barquichuelo
y con donaire la trepa
dejándola que se alce
para mostrarle su estela.
En la empopada la ola
de popa viene y lo eleva
por un momento dejándolo
con la popa hacia una estrella
y la proa hacia el abismo
donde el vértigo lo espera:
del timón un breve gesto
pasar a la ola deja.
Todo el cuerpo puesto en juego
adrizando con sinergia,
en una mano la escota
dándole vida a la vela,
en la otra mano el timón
dándole al rumbo conciencia.
Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
que con paciencia los mece
como una madre que sueña
con los destinos que forja,
con las alas que se templan.
embiste a la mar inmensa
repicando corazones
en sus alas marineras.
Cada niño va en su mundo
con la soledad a cuestas,
envergado su coraje
al viento que en su cangreja
es la mano del destino
que se suma a la sapiencia.
Encarada la ceñida,
parece que el fin se acerca
con cada ola que viene,
amenazante su cresta;
pero es noble el barquichuelo
y con donaire la trepa
dejándola que se alce
para mostrarle su estela.
En la empopada la ola
de popa viene y lo eleva
por un momento dejándolo
con la popa hacia una estrella
y la proa hacia el abismo
donde el vértigo lo espera:
del timón un breve gesto
pasar a la ola deja.
Todo el cuerpo puesto en juego
adrizando con sinergia,
en una mano la escota
dándole vida a la vela,
en la otra mano el timón
dándole al rumbo conciencia.
Una bandada de niños
embiste a la mar inmensa
que con paciencia los mece
como una madre que sueña
con los destinos que forja,
con las alas que se templan.
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