Oro blanqueado

José rubiel Amaya Amaya

Poeta asiduo al portal
Esta fiebre dorada del oro,
que persiste, insiste y no desiste,
lleva consigo en una forma triste
por su afán el más grande tesoro.

Es la vida que pierde el más humilde
y se queda en la tierra sepultada,
este atacado en forma desalmada
apesar que no conoce una tilde.

En torno a esta fiebre la miseria
y el afán del sustento de los hijos,
que por ser todos ellos tan prolijos,
la tarea se convierte ya en tragedia.

Un terreno por otros explotado,
los que compran éste metál precioso,
que por medio de un proceder mañoso,
para otras tierras lo envían blanqueado.

¿Para dónde mandar este reclamo?
del amazonas comido a bocados,
¿a quién endilgarle estos pecados?
¿a mí, con hambre, con el hijo que amo?...
 
Última edición:
bellos cuartetos de tonos conceptuales. Cuida la ortografía (esta fiebre, este metal, este reclamo, estos bocados, (adjetivos no pronombres, y ahora según la academia ni estos pronombres se tildan). abrazos.
 
El oro tiene su importancia.
Como también, la esmeralda.
O el rubí, el zafiro, la ágata, el cuarzo...
O incluso una tableta de chocolate puro.
¿ Por qué ?


Porque el oro no se come. A no ser que esté en estado mono-atómico.
En ese caso, sí sería asimilable, por parte de animales y plantas de toda índole.
Por ello, el Ormus o Manná egipcio, se compone de oro, rodio e iridio mono-atómicos.
Fue descubierto en la década de los ´60, por un agricultor norteamericano, que responde al nombre de David Hudson.


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En su finca, había metales dispersos, en forma de polvo.
Y los sometió a diversos experimentos científicos.
Comprobó que se comportaban como la luz.
Dejando atrás su estado anterior, de materia.


Es decir que unen la masa, a la energía. Por ello, comer Ormus significa ascender en vibración, física y mentalmente, hacia la Luz. Pero es en dosis muy pequeñas, cómo la gente en los Estados Unidos, el Canadá, Australia o España, bebe de este cáliz sagrado, o elixir de la eterna Juventud.
 
Última edición:
Esta fiebre dorada del oro,
que persiste, insiste y no desiste,
lleva consigo en una forma triste
por su afán el más grande tesoro.

Es la vida que pierde el más humilde
y se queda en la tierra sepultada,
este atacado en forma desalmada
apesar que no conoce una tilde.

En torno a esta fiebre la miseria
y el afán del sustento de los hijos,
que por ser todos ellos tan prolijos,
la tarea se convierte ya en tragedia.

Un terreno por otros explotado,
los que compran éste metál precioso,
que por medio de un proceder mañoso,
para otras tierras lo envían blanqueado.

¿Para dónde mandar este reclamo?
del amazonas comido a bocados,
¿a quién endilgarle estos pecados?
¿a mí, con hambre, con el hijo que amo?...
Me ha gustado amigo José tu poema, se puede ambicionar el oro en la vida o vivir apegado a la tierra, muchas veces las circunstancias mandan, yo prefiero metafóricamente una flor a un kilo del preciado metal. Abrazote vuela. Paco.
 

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