Orphenica Lyra (I)
A ti, oh cara esposa,
que alegras esta curva y esta lira,
que tan pulsa armoniosa
y teoremas suspira,
donde el alma de amor triste delira,
te miro, y al mirarte,
Alcides cual Nemeo que redujo
y derrotado Marte
me vuelvo, y con tu influjo
polarizas la luz en doble embrujo.
Por el angosto ojo
que de tu desnudez fue cerradura
corríase hacia el rojo
la clave casta y pura
en el azul, galaxia y aventura
de elípticas secciones,
cuerpo de variedad diferenciable;
métricas precisiones
en número admirable,
que al infinito se mantiene estable,
y en sumo consonante
un ánima en ti misma constelada
intérvalo vibrante
de virtud afinada,
amiga, novia, esposa, amante, amada.
Vamos para la vega,
Dauro dorada con Genil aurado,
y al gozo que la anega,
tú por el fresco prado,
yo por el arco parametrizado,
y estrecharemos lazos
frenando la corriente de Aretusa
cuando tú entre mis brazos,
senso y pasión confusa,
medies proporcionada hipotenusa.
Comienzo aquí una serie de poemas centrados en la figura y en la historia de Orfeo. El título Orphenica Lyra está tomado de un libro de música para vihuela publicado en 1554 por el importante vihuelista español Miguel de Fuenllana. Las estrofas son, naturalmente, liras, y en ellas he querido alcanzar dos objetivos: en primer lugar, hacer un descarado y humilde homenaje a Garcilaso, a San Juan de la Cruz y a Góngora, tres de mis poetas predilectos; y en segundo lugar, experimentar con una nueva poética que involucra ciertas expresiones y conceptos tomados del mundo de la Ciencia (sobre todo de las Matemáticas y de la Física). No sé qué os parecerá el resultado. Ya me contaréis.
En este primer poema Orfeo, recién desposado con Eurídice, le canta mientras se dirigen a celebrar la fiesta de sus bodas en la Vega de Granada. El verso donde el alma de amor triste delira es un endecasílabo satírico de García Lorca en el que se burla de las convenciones de la poesía amorosa.
A ti, oh cara esposa,
que alegras esta curva y esta lira,
que tan pulsa armoniosa
y teoremas suspira,
donde el alma de amor triste delira,
te miro, y al mirarte,
Alcides cual Nemeo que redujo
y derrotado Marte
me vuelvo, y con tu influjo
polarizas la luz en doble embrujo.
Por el angosto ojo
que de tu desnudez fue cerradura
corríase hacia el rojo
la clave casta y pura
en el azul, galaxia y aventura
de elípticas secciones,
cuerpo de variedad diferenciable;
métricas precisiones
en número admirable,
que al infinito se mantiene estable,
y en sumo consonante
un ánima en ti misma constelada
intérvalo vibrante
de virtud afinada,
amiga, novia, esposa, amante, amada.
Vamos para la vega,
Dauro dorada con Genil aurado,
y al gozo que la anega,
tú por el fresco prado,
yo por el arco parametrizado,
y estrecharemos lazos
frenando la corriente de Aretusa
cuando tú entre mis brazos,
senso y pasión confusa,
medies proporcionada hipotenusa.
Comienzo aquí una serie de poemas centrados en la figura y en la historia de Orfeo. El título Orphenica Lyra está tomado de un libro de música para vihuela publicado en 1554 por el importante vihuelista español Miguel de Fuenllana. Las estrofas son, naturalmente, liras, y en ellas he querido alcanzar dos objetivos: en primer lugar, hacer un descarado y humilde homenaje a Garcilaso, a San Juan de la Cruz y a Góngora, tres de mis poetas predilectos; y en segundo lugar, experimentar con una nueva poética que involucra ciertas expresiones y conceptos tomados del mundo de la Ciencia (sobre todo de las Matemáticas y de la Física). No sé qué os parecerá el resultado. Ya me contaréis.
En este primer poema Orfeo, recién desposado con Eurídice, le canta mientras se dirigen a celebrar la fiesta de sus bodas en la Vega de Granada. El verso donde el alma de amor triste delira es un endecasílabo satírico de García Lorca en el que se burla de las convenciones de la poesía amorosa.
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