Orhpenica Lyra (II)
¡Oh, infortunada mía!
¡Oh, funesta ecuación de mi destino!
¡Oh, penal de agonía,
vertical asesino,
que me aprieta en asíntotas contino!
Localmente mordida,
singular punto en valle, vega y monte,
espiral escondida,
envidia de horizonte,
meandros computó del Aqueronte.
Normales no vectores
ciego saeta Amor al dulce fruto:
colmillos destructores
que mi espectro absoluto
absorberán con lágrimas de luto.
No ya blancos jazmines
haré brotar del polo de tus pechos
(penitentes jardines
y olvidados barbechos):
de amor, ceniza, y de ceniza, helechos.
Inviernos apuñalan
infinitesimales primaveras
y en tus muslos instalan
y aproximan certeras
simétrico rigor de calaveras.
Ante tu sepultura
traigo mi voz truncada en los claveles.
La lógica apresura
silogismos tan crueles
al sino como son constante fieles.
¡Oh, Musas! No su lengua,
mi lira sí respóndame valiente
mientras declina y mengua
su progresión cadente:
rostro, imagen, memoria y alma ausente.
En esta segunda composición Orfeo lamenta y llora, siempre asistido por su lira, la muerte de su esposa Eurídice.
¡Oh, infortunada mía!
¡Oh, funesta ecuación de mi destino!
¡Oh, penal de agonía,
vertical asesino,
que me aprieta en asíntotas contino!
Localmente mordida,
singular punto en valle, vega y monte,
espiral escondida,
envidia de horizonte,
meandros computó del Aqueronte.
Normales no vectores
ciego saeta Amor al dulce fruto:
colmillos destructores
que mi espectro absoluto
absorberán con lágrimas de luto.
No ya blancos jazmines
haré brotar del polo de tus pechos
(penitentes jardines
y olvidados barbechos):
de amor, ceniza, y de ceniza, helechos.
Inviernos apuñalan
infinitesimales primaveras
y en tus muslos instalan
y aproximan certeras
simétrico rigor de calaveras.
Ante tu sepultura
traigo mi voz truncada en los claveles.
La lógica apresura
silogismos tan crueles
al sino como son constante fieles.
¡Oh, Musas! No su lengua,
mi lira sí respóndame valiente
mientras declina y mengua
su progresión cadente:
rostro, imagen, memoria y alma ausente.
En esta segunda composición Orfeo lamenta y llora, siempre asistido por su lira, la muerte de su esposa Eurídice.
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