Finé
La eterna novata
Orzada
La bruma, calima cargada,
dejó un mensaje en forma de verso
entre fauna pelágica.
¡Y qué poco tardó la señora,
removido el despecho del fondo,
en lanzar violentas olas hacia la negrura!
Si sufriste mis duros golpes,
marino confinado,
inmune te hizo la euforia que, por dominarme,
nubló tu cordura.
Nada sazonó más tu corazón,
navegante confuso,
que verme convertida en tarasca de lengua salada.
Si resequé en blanco tu piel,
sin importarte que la forzara,
dejando encima mis babas
que para ti fueron placer;
si bebiste por mí todos los vientos,
desde el siroco al mistral,
y orzaste de tal manera
que tomaste rumbo de infiel.
¿Por qué preguntas ahora si todavía puedes volver?
Si ya no me miras nunca,
ni enarbolas festivas velas,
ni me flotas por el vientre,
ni me explicas que me añoras donde yo te pueda ver.
Si vienes, ven.
Para la mar despechada ya solo podrás ser
derrelicto de sueños rotos,
enjambre de herrumbres varadas,
nido de rojas corales afónicas
con erizos en la piel.
La bruma, calima cargada,
dejó un mensaje en forma de verso
entre fauna pelágica.
¡Y qué poco tardó la señora,
removido el despecho del fondo,
en lanzar violentas olas hacia la negrura!
Si sufriste mis duros golpes,
marino confinado,
inmune te hizo la euforia que, por dominarme,
nubló tu cordura.
Nada sazonó más tu corazón,
navegante confuso,
que verme convertida en tarasca de lengua salada.
Si resequé en blanco tu piel,
sin importarte que la forzara,
dejando encima mis babas
que para ti fueron placer;
si bebiste por mí todos los vientos,
desde el siroco al mistral,
y orzaste de tal manera
que tomaste rumbo de infiel.
¿Por qué preguntas ahora si todavía puedes volver?
Si ya no me miras nunca,
ni enarbolas festivas velas,
ni me flotas por el vientre,
ni me explicas que me añoras donde yo te pueda ver.
Si vienes, ven.
Para la mar despechada ya solo podrás ser
derrelicto de sueños rotos,
enjambre de herrumbres varadas,
nido de rojas corales afónicas
con erizos en la piel.