Otro día más

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa



Hace mucho que no duermo
y sin embargo cada mañana
una brizna de hierba aparece en mi rostro,
que llevo al altar de los demolidos por deudas
donde el racismo es fuego que no se apaga, llama que arde
hasta el pájaro que le sobrevive al olvido.
Uno se coloca el mejor abrigo de humildad
y formula algunas preguntas acerca del día siguiente
a las que solamente responde el eco del hambre.
Se respetan las filas, se consigue ser espejo de un paraíso derrotado.
A veces sucede el amor entre las sombras
y los besos del charco salpican por encima del parálisis
que nos une a todos.
Y los que no tienen casa, vuelven a no tenerla.
Las grúas son el único horizonte audible, más allá nadie se atreve a cruzar
por miedo a no encontrar el futuro en bolsas plásticas con etiqueta de expirado.
 
Última edición:
Es una dramática realidad, tan común por desgracia en muchos países. Las colas del paro, la falta de buenas perspectivas laborales, la lacra del racismo... dificultan la supervivencia y con ella la esperanza. Queda aguardar a que los tiempos cambien, a que se abran nuevas vías, nuevas posibilidades. Nada es para siempre y confío en que las cosas cambien (en España temo que tardarán mucho en mejorar). Estupendo poema, querido amigo. Mis abrazos y felicitaciones sinceras. Un fuerte abrazo, Marius.
 

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