prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hace mucho que no duermo
y sin embargo cada mañana
una brizna de hierba aparece en mi rostro,
que llevo al altar de los demolidos por deudas
donde el racismo es fuego que no se apaga, llama que arde
hasta el pájaro que le sobrevive al olvido.
Uno se coloca el mejor abrigo de humildad
y formula algunas preguntas acerca del día siguiente
a las que solamente responde el eco del hambre.
Se respetan las filas, se consigue ser espejo de un paraíso derrotado.
A veces sucede el amor entre las sombras
y los besos del charco salpican por encima del parálisis
que nos une a todos.
Y los que no tienen casa, vuelven a no tenerla.
Las grúas son el único horizonte audible, más allá nadie se atreve a cruzar
por miedo a no encontrar el futuro en bolsas plásticas con etiqueta de expirado.
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