Muchas gracias amigo, tiene Ud. muchísima razón. Virgilio ocupó una posición de vanguardia en momentos extraordinarios de la vida cultural de su tiempo, porque ante todo fue Virgilio contra todas las banderas, y a su manera tuvo que luchar a contra corriente para poder sostenerse en el contexto literario, político y social de los años 50 y 60, hasta ser arrastrado por la ola homofóbica que destruyó la cultura nacional, por cuenta de funcionarios que en verdad nunca pagaron por los abusos cometidos.
Quiero pensar que esa grave herida a la cultura a los que la gestan, no será sanada hasta el día que un gobernante se pare dignamente ante la nación, aunque pasen 50 años más, y ese reconocimiento literario que hoy recibe y bien merece Virgilio, décadas de su fallecimiento, sea también respaldado por un reconocimiento jurídico y oficial, que reconozca las culpas sin importar quién o quienes las hayan respaldado y materializado, sumiendo a Virgilio y a muchos otros, en una década de verdadero ostracismo, que para Virgilio significó perder sus últimos años de vida. ¿Quién pagará ante la historia por eso?
En mi poema, desde el mismo título, que suena absurdo, solo pretendo acercarme al Virgilio poeta, tarea muy difícil, lanzando su imagen al viento, capaz de transformar la realidad visualizándola desde lo ilógico, haciendo racional lo irracional, porque es tomado de la realidad del imaginario de nuestra cultura popular, capaz de levantar a los muertos de sus tumbas, con sus palabras, y con su manera de enfocar, para construir una realidad totalmente coherente, a contra corriente de la realidad.
Hace poco me encontraba en la sala de espera de un hospital, donde medio centenar de personas esperaban su turno para ver al médico. Por circunstancias "exis" la refrigeración no funcionaba, había un calor extremo, y nadie se había preocupado de poner al menos un par de ventiladores que minimizaran la situación. Viendo aquella "escena teatral", imaginé a Virgilio agregando en el cuadro a un trabajador con el puesto de trabajo de "ventilador humano", moviéndose amigablemente por toda la sala, para refrescar el ambiente con un <abanico inmenso> y claro, muy feliz por tener trabajo en ese lugar. Puede parecer un absurdo, pero yo estaba allí, y veía que esa imagen pudiera ser perfectamente real. Y es por eso que la presencia de Virgilio nos persigue hasta hoy.
Sin más, un cordial abrazo,
Frank
------