Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
PALAFRÉN DE SOMBRA
La sombra atrae un dulce territorio, el sueño.
La comarca, en ruinas, estalla en fuego;
verjas de verano, altivas, encienden la noche,
obnubilan la precariedad de un reloj a cuenta gotas.
Se ha escapado el palafrén burlesco, la historia.
Otra vez demora en las noticias el deceso de la flora en paredes derruidas.
En breves inviernos he visto la donosura,
el aterido panorama de algún pájaro violeta.
¿Cuánto de temor habita en sus comarcas,
la siega adrede de su vuelo inverso a la precisión o la premura?
Soy el palafrén de la sombra,
el que duramente se abstuvo de mitigar la sed
en grises melodías, ignotas emociones sin nadie más a cuestas,
solo un resquemor envolviendo recios hojaldres.
Vastas palanganas retienen el hambre, sus ganas pendencieras.
Otra voz pronuncia el eco de una noche inconsútil, indecente,
pero nadie más lo comprende o lo analiza.
Un epítome de viento me embiste y no tengo alerones para fugarme.
Dicta bizarras dicciones la arena de un ensueño.
Soy el dulzarrón sabor de un gemido,
acaso un largo poema arropando la brisa.
La sombra atrae un dulce territorio, el sueño.
La comarca, en ruinas, estalla en fuego;
verjas de verano, altivas, encienden la noche,
obnubilan la precariedad de un reloj a cuenta gotas.
Se ha escapado el palafrén burlesco, la historia.
Otra vez demora en las noticias el deceso de la flora en paredes derruidas.
En breves inviernos he visto la donosura,
el aterido panorama de algún pájaro violeta.
¿Cuánto de temor habita en sus comarcas,
la siega adrede de su vuelo inverso a la precisión o la premura?
Soy el palafrén de la sombra,
el que duramente se abstuvo de mitigar la sed
en grises melodías, ignotas emociones sin nadie más a cuestas,
solo un resquemor envolviendo recios hojaldres.
Vastas palanganas retienen el hambre, sus ganas pendencieras.
Otra voz pronuncia el eco de una noche inconsútil, indecente,
pero nadie más lo comprende o lo analiza.
Un epítome de viento me embiste y no tengo alerones para fugarme.
Dicta bizarras dicciones la arena de un ensueño.
Soy el dulzarrón sabor de un gemido,
acaso un largo poema arropando la brisa.