Hoover White
Poeta adicto al portal
Es largo todo este fusco camino
y profundos sus terribles dolores;
mas, creo haberme sujetado de ella
muy fuerte y amedrentado,
refugiarme en sus brazos y silueta
pero no, no era ella..
sino su recuerdo paseando en mi memoria.
Sigo caminando por la aventura de este camino
y me pierdo en la oscuridad inefable,
pero a lo lejos creo verla:
sonriente, con su delicada belleza
llenaba de primaveras mis labios
y de fulgor mis noches,
pero no, no era ella
sino su fragante ausencia que me apresa.
Al caerme, la sentí a mi lado,
mientras me hablaba colapsaba mis suplicios
y me cautivaba con su perfume de lis y cereza,
¡Mas no, no era ella! sino esta triste pasión
hurgando quedamente en mi inconsciencia.
Me acosté en los brazos de la tristeza
con mis ojos llenos de sus recuerdos;
y miré hacia el cielo.. y ahí estaba ella:
la musa de estos lóbregos versos,
el ensueño muriendo en desamor
y la espina clavada entre mis huesos.
Me sonrío, mientras yo le escribía
este poema... para decirnos adiós.
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