Palabras, simples palabras que unidas,
dibujan sin quererlo, el poema mas hermoso
de la historia.
Ven, ayúdame a escribirlo,
tu que conoces los ciclos de las flores,
y el amanecer de los tiempos.
Susúrrame al oído la palabra exacta.
Aquella que haga de mi poema,
lo sublime.
Pero no es fácil la tarea.
Muchos escriben sin el alma, sólo con el cuerpo.
Y las palabras permanecen vacías.
Y fracasan en el intento.
De saber que cada palabra,
se saborea en el devenir del texto.
La poesía es lo que no se escribe,
me dijo una vez un poeta.
Y me creí poeta.
Ahora, escribo poemas tristes.
Ya no preciso del amor que me traían
tus manos, ni del aroma tierno de tus
perfumes inventados.
Deja ya de retrasarte y vuelve. Vuelve
aunque yo sepa que la vuelta es parte de la muerte.
La que acecha en cada palabra,
equivocada.
Cierro los ojos y te veo.
Con eso es suficiente. Para los dos.
Para mi.
Para el silencio.
dibujan sin quererlo, el poema mas hermoso
de la historia.
Ven, ayúdame a escribirlo,
tu que conoces los ciclos de las flores,
y el amanecer de los tiempos.
Susúrrame al oído la palabra exacta.
Aquella que haga de mi poema,
lo sublime.
Pero no es fácil la tarea.
Muchos escriben sin el alma, sólo con el cuerpo.
Y las palabras permanecen vacías.
Y fracasan en el intento.
De saber que cada palabra,
se saborea en el devenir del texto.
La poesía es lo que no se escribe,
me dijo una vez un poeta.
Y me creí poeta.
Ahora, escribo poemas tristes.
Ya no preciso del amor que me traían
tus manos, ni del aroma tierno de tus
perfumes inventados.
Deja ya de retrasarte y vuelve. Vuelve
aunque yo sepa que la vuelta es parte de la muerte.
La que acecha en cada palabra,
equivocada.
Cierro los ojos y te veo.
Con eso es suficiente. Para los dos.
Para mi.
Para el silencio.