No tejo ni desentraño las partes
de otros cuerpos.
Tampoco me sangro ni amalgamo
al escuchar el nombre de un nombre
si podría ser cualquiera,
pegado a la mejilla o al fémur
de otro azaroso cuerpo.
No soy la mujer mullida
en su plasticidad de hoguera,
quien acicalan los fuegos
en visitas de esplendor.
No bordo reclamos con la lengua
avainillada.
No hay alfombra esperando pies del humano que ardía en mis pestañas.
Ahora volveré al parque de añoranza y hundirlo en estampida sabiéndome adherencia
pez espada que saludaba como escultura
par de patines
bicicleta
rodilla sin sutura
tutú amarillo pinto en mejillas rosas.
El Parque Hundido está en una maraña pletórica de globos
en un absurdo antojo de tacos,
en el Valle de México, no sé.
En un valle sin salida
con añoranza y estirpe
No extrañaba este Río de la Plata, no sé
Hundía entonces mis extremidades
en canteros de flor de Lis y
aparecían manos pegajosas
hartas en algodón de azúcar.
de otros cuerpos.
Tampoco me sangro ni amalgamo
al escuchar el nombre de un nombre
si podría ser cualquiera,
pegado a la mejilla o al fémur
de otro azaroso cuerpo.
No soy la mujer mullida
en su plasticidad de hoguera,
quien acicalan los fuegos
en visitas de esplendor.
No bordo reclamos con la lengua
avainillada.
No hay alfombra esperando pies del humano que ardía en mis pestañas.
Ahora volveré al parque de añoranza y hundirlo en estampida sabiéndome adherencia
pez espada que saludaba como escultura
par de patines
bicicleta
rodilla sin sutura
tutú amarillo pinto en mejillas rosas.
El Parque Hundido está en una maraña pletórica de globos
en un absurdo antojo de tacos,
en el Valle de México, no sé.
En un valle sin salida
con añoranza y estirpe
No extrañaba este Río de la Plata, no sé
Hundía entonces mis extremidades
en canteros de flor de Lis y
aparecían manos pegajosas
hartas en algodón de azúcar.