dulcinista
Poeta veterano en el Portal
La primavera pasada fui a visitar a mi hermana a la ciudad en la que vive con su marido. Tenían dos hijos, un niño y una niña. El niño sumiso y educado, y la niña rebelde y contestona. Un viernes fuimos los tres a pasear al parque más grande de la ciudad. Es una ciudad salvaje, en cualquier parte te puedes encontrar de cara con una fiera.
- Dice el maestro que si sigo siendo tan educado y disciplinado, es posible que me elijan para representar a la ciudad en los próximos juegos nacionales- dijo el niño.
- Esos juegos no valen para nada, tan solo van niños tontos y engreídos- contestó la hermana con fuerza.
- Creo que lo que tienes es envidia de que tú nunca irás porque dicen los maestros que eres una irresponsable- replicó el niño.
- Yo lo que no soy es una tonta como tú- gritó la hermana.
- De tonto nada, según los maestros soy un elegido, por eso mi vida será fácil y suave, sin aristas- argumentó el hermano.
En estas y otras discusiones pasábamos la tarde mientras la oscuridad se fue adueñando de todo. Unas nubes negras y un viento huracanado presagiaban la tormenta cercana. Andábamos junto a una acacias, cuando a lo lejos, al frente, vimos aparecer un tigre.
- ¡ Corran, niños, súbanse a un árbol- grité mientras me subía a un majestuoso ficus.
- No me dan miedo los tigres. Yo no me subiré a un árbol, se estropearían mis pantalones nuevos. Yo soy un elegido de Dios, por lo tanto nada malo puede hacerme un tigre- dijo con convicción el niño.
La niña se había subido a un olmo con una agilidad y rapidez impropia de su corta edad. Mientras, su hermano seguía en mitad del parque silbando una conocida canción infantil. Dejó de silbar cuando el primer zarpazo del tigre le arrancó la cabeza que fue a parar debajo del árbol al que se había subido su hermana. Esperamos hasta que el tigre se fue por donde había llegado. Bajamos de los árboles, yo temblando, pero la niña tranquila como si no hubiese pasado nada. La cabeza separada del cuerpo nos miraba con los ojos abiertos, como con asombro, como diciendo: - pero si yo soy un elegido, tigre, no puedes hacerma nada.
De camino a casa, la niña comenzó a silvar la misma canción que silbaba su hermano. Empezó a llover y a tronar. El viento silbaba entre los árboles haciendo un ruido que parecía una música surgida del infierno.
- Pobre hermano, la verdad es que era muy tonto, y todo el mundo sabe que mientras más tonto eres, más fácil es para un tigre comerte- dijo la niña.
- Querida- dije- lo de tu hermano es una desgracia, no sé cómo decírselo a tus padres.
- Mamá estará contenta de que haya sido yo la que se ha salvado, mi hermano era más obediente y sumiso, pero yo soy la más inteligente- contestó.
LLegando a casa apareció el sol y salió el arco iris.
- ¡ Qué bonita tarde se ha quedado! Después de todo mi hermano nunca me agradó- dijo, y empezó a silbar.
Eladio Parreño Elías
20-Mayo-2011
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