BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me gustan las peluquerías,
el ruido de las tiendas, el trajín
inesperado de los trajes de corbata,
los desinfectantes, las marcas de ropa
cara, y los ladrillos con que todo
se sustenta. Me gusta imaginarme
en la parte más alta, en los barrios más
pobres, en las iglesias desvencijadas
a fuerza de años y de desvalijados transeúntes.
Me gusta la cordialidad que se respira,
la afabilidad secreta de los dependientes,
la armonía recóndita de los desvanes llenos
de músicas y de tarjetas. Me gustan sus bibliotecas.
Sus claroscuros llenos de navajas y de tijeras.
Me gustan los latidos de la vieja ciudad. Sus derivaciones
cercanas y sus aprendices de autoescuela. Me gustan
los murmullos, las voces, los peligros de los pasos de cebra;
las canciones de las mercerías, las inexistentes cancelas.
©
el ruido de las tiendas, el trajín
inesperado de los trajes de corbata,
los desinfectantes, las marcas de ropa
cara, y los ladrillos con que todo
se sustenta. Me gusta imaginarme
en la parte más alta, en los barrios más
pobres, en las iglesias desvencijadas
a fuerza de años y de desvalijados transeúntes.
Me gusta la cordialidad que se respira,
la afabilidad secreta de los dependientes,
la armonía recóndita de los desvanes llenos
de músicas y de tarjetas. Me gustan sus bibliotecas.
Sus claroscuros llenos de navajas y de tijeras.
Me gustan los latidos de la vieja ciudad. Sus derivaciones
cercanas y sus aprendices de autoescuela. Me gustan
los murmullos, las voces, los peligros de los pasos de cebra;
las canciones de las mercerías, las inexistentes cancelas.
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