rodrigotoro
Poeta adicto al portal
La paupérrima luz ya se ha menguado
en las calles salpicadas de ajenjo y sulfuro;
Ha emigrado, sin llamarme, nuestro futuro
y claudicado el distante vergel magullado.
La farsa del horizonte se desgrana
abatida por cerbatana de charcos de injusticia
tu partida, fue un horror sin forma ni franquicia
el llanto, se corona en forma temprana.
¿Dónde quedó la etérea alborada
y su arcoíris de esperanza decorado de clavijas
que hoy se escurre en las ciegas rendijas,
consumido el aliento que elevaste en mi almohada?
fuimos dioses de papel
hadas prisioneras atiborradas por el deseo
con sus almas devoradas, cual gris Prometeo
elevadas del infierno en fantasmal andarivel
Minotauros de seda, pentagramas de lujuria,
semillas de polen que la brisa consumió
en el trasluz de la pasión que mi boca te entrego
al recorrer tu universo, hasta la última comisura.
¿Cuándo celebramos el bautismo de la muerte
de todo nuestro nido, construido con maravillas
en el marco de las llamas, que hoy son solo cerillas,
en mis manos transpiradas, aferradas a tu vientre?
Extraño tu calor devorando mis sentidos,
cual sirena, deambular las aguas abisales,
cuál espectro engrillado en los nichos sepulcrales
ataviado de martirio, derrotado y consumido.
en las calles salpicadas de ajenjo y sulfuro;
Ha emigrado, sin llamarme, nuestro futuro
y claudicado el distante vergel magullado.
La farsa del horizonte se desgrana
abatida por cerbatana de charcos de injusticia
tu partida, fue un horror sin forma ni franquicia
el llanto, se corona en forma temprana.
¿Dónde quedó la etérea alborada
y su arcoíris de esperanza decorado de clavijas
que hoy se escurre en las ciegas rendijas,
consumido el aliento que elevaste en mi almohada?
fuimos dioses de papel
hadas prisioneras atiborradas por el deseo
con sus almas devoradas, cual gris Prometeo
elevadas del infierno en fantasmal andarivel
Minotauros de seda, pentagramas de lujuria,
semillas de polen que la brisa consumió
en el trasluz de la pasión que mi boca te entrego
al recorrer tu universo, hasta la última comisura.
¿Cuándo celebramos el bautismo de la muerte
de todo nuestro nido, construido con maravillas
en el marco de las llamas, que hoy son solo cerillas,
en mis manos transpiradas, aferradas a tu vientre?
Extraño tu calor devorando mis sentidos,
cual sirena, deambular las aguas abisales,
cuál espectro engrillado en los nichos sepulcrales
ataviado de martirio, derrotado y consumido.