Ya preparo mi alcoba
vestida de tarde gris,
sin fotos en la pared
que rompan las ventanas
ocultas de su recuerdo;
ni ropas en el closet
que revivan su imagen;
ni moléculas de su perfume;
bajo mis pies descalzos;
penetrando la alfombra
que guardó sus huellas
marcadas por el tiempo.
Ya preparo la muerte
de mi cuerpo en vida;
porque no siempre
el alma se escapa,
a veces se deja ir
cuando se van los motivos
de una diáfana sonrisa;
cuando en los ojos mustios
ya no brillan estrellas
que iluminen el hoy,
y la voz se apaga
porque el dolor pesa.
Soy otra víctima
de la muerte terca
que me roba impune
las velas del alma;
la ebullición de mi sangre,
y quiero caer rendido
sobre el tibio crepúsculo
de mi lecho en niebla;
diana certera, infalible,
de la paz y el silencio;
paz y silencio eternos
rasgando mi pensamiento.