Sus rodajas
son sonrisas de tu cara
que robo con malicia
para comérmelas,
en las sobremesas de tu palacio.
El fresco jugo de su boca me ducha
y me envuelve su aroma,
huelo a verano.
Con cada lanzamiento de pepita negra
pido un deseo.
En mi ritual,
me miras y preguntas....
¿de dónde te habrás escapado?
De un sueño de pepitas.
Alguien me deseó
y aparecí.