Abrahám Emilio
Emilio.
Yo que rondo las treinta primaveras
noto en Pepe la dicha y la dulzura
del tiempo cándido sin amargura
y en su boca las risas más sinceras.
Pocos años recorren por su vida
ronda algo menos de los cuatro abriles,
sonríe con sus gestos infantiles
su sonrisa mitiga toda herida.
ronda algo menos de los cuatro abriles,
sonríe con sus gestos infantiles
su sonrisa mitiga toda herida.
Tan bello niño corre por la casa
y riendo con un ademán de mimo,
este nene, Pepito, que es mi primo
se adueña del cariño donde pasa.
y riendo con un ademán de mimo,
este nene, Pepito, que es mi primo
se adueña del cariño donde pasa.
Sus ojos grandes con la luz de aurora,
primarios dientes en su dentadura;
nos da sosiego, calma, amor, ternura...
Si es que nadie le presta atención, llora.
primarios dientes en su dentadura;
nos da sosiego, calma, amor, ternura...
Si es que nadie le presta atención, llora.
Quiere comer galleta y caramelo,
en vez de cuna la televisión.
Es un ángel que alegra el corazón
es como una plegaria que va al cielo.
en vez de cuna la televisión.
Es un ángel que alegra el corazón
es como una plegaria que va al cielo.
¿Qué pensará en su dócil pensamiento?
Un lugar de juguetes y de calma;
ignora que la gente se desalma
o fallece, o que existe el sufrimiento.
Un lugar de juguetes y de calma;
ignora que la gente se desalma
o fallece, o que existe el sufrimiento.
No sabe de codicia por el oro,
la malicia no sabe comprender;
la vida es símbolo de su querer
y el amor que recibe es su tesoro.
la malicia no sabe comprender;
la vida es símbolo de su querer
y el amor que recibe es su tesoro.
¡Y quién como él! No sabe de frontera,
de joyas, de rencor, ni de lujuria,
no conoce de envidia, ni de furia,
solo piensa en su eterna primavera.
de joyas, de rencor, ni de lujuria,
no conoce de envidia, ni de furia,
solo piensa en su eterna primavera.
Pepito... admiro tu inocente abril,
no crezcas, vive en cándida ocurrencia,
atesora por siempre tu inocencia
conserva tu alma inerme e infantil.
no crezcas, vive en cándida ocurrencia,
atesora por siempre tu inocencia
conserva tu alma inerme e infantil.
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Extraído del poemario Lo Que El Viento Me Enseñó: ¡Olvidar!
Abraham Emilio 2019
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