Echo de menos tu rostro,
a pesar de tu ausencia de mirada.
¿En qué país sin nombre te refugiaste?
¿Dónde hiciste tu morada
que mi voz no te alcanzaba?
En mi mano se encuentra el peine
que no cepillará tu pelo;
el gris con plata,
en la tarde no relucirá;
su tacto quedará en mi interior
marcado a fuego
como la piel de tus muñecas,
quietas en tu regazo,
insensibles al paso del tiempo.
No avisaste de tu partida;
te fuiste sin molestar,
sin poderte confiar mi pena
por sentirte tan distinta,
ya sin poderme absolver
de mi necesidad de perdón,
sin salvavidas al que agarrarme,
el que siempre fuiste tú,
madre mía,
por siempre sólo tú.
a pesar de tu ausencia de mirada.
¿En qué país sin nombre te refugiaste?
¿Dónde hiciste tu morada
que mi voz no te alcanzaba?
En mi mano se encuentra el peine
que no cepillará tu pelo;
el gris con plata,
en la tarde no relucirá;
su tacto quedará en mi interior
marcado a fuego
como la piel de tus muñecas,
quietas en tu regazo,
insensibles al paso del tiempo.
No avisaste de tu partida;
te fuiste sin molestar,
sin poderte confiar mi pena
por sentirte tan distinta,
ya sin poderme absolver
de mi necesidad de perdón,
sin salvavidas al que agarrarme,
el que siempre fuiste tú,
madre mía,
por siempre sólo tú.